Desde los 10 años soy vegetariano. Tenerlo tan claro desde pequeño no me ha resultado fácil. La primera batalla que tuve que lidiar fue con mi madre, que no estaba dispuesta a consentir que yo fuera el encargado de decidir mi alimentación a tan temprana edad. Al principio, pensó que era una manía pasajera, y no le dio importancia.

-Bueno, entonces tendrás que empezar a comer muchas de las cosas que hasta ahora no te gustaban. ¿Lo has pensado bien? Mucha verdura, mucha fruta… No hay mal que por bien no venga – decía- así tendrás un aporte extra de vitaminas.

Pero las semanas pasaban, y yo seguía en mis trece. Me costó bastante convencerla de que lo tenía muy claro. Afortunadamente, contaba con el apoyo de mi tía Berta, que por aquel entonces no tendría más de 25 años. Entre los dos, convencimos a mi madre de que ser vegetariano no significa comer sólo lechuga y zanahorias, ni ser más propenso a enfermar…

-Mamá, no me voy a convertir en un conejo… Pero no quiero volver a comer animales nunca más.

Fue entonces cuando empezamos a informarnos de verdad sobre cuál sería desde ese momento mi forma de alimentación, una parte esencial de mi forma de ver y entender el mundo.

Asi poco a poco iba cuidando lo que tenemos y que tanto maltratamos los humanos.

Fue un trabajo interesante confeccionar menús, aprender sobre las proteinas y sus fuentes, los hidratos de carbono de absorción lenta y demás palabrejas que nunca había utilizado. Al fin y al cabo, eso era normal yo estaba en una edad cercana a la adolescencia, encontrándome poco a poco con lo que iba a ser, en una explosión de emociones y búsquedas.Sin embargo, hay algo que aprendí en aquel entonces y que nunca olvidaré, algo que no fueron vegetales, ni minerales…, y fue mi madre la que se encargó de enseñármelo, el día que mirándome a los ojos me dijo:

- Está bien, de acuerdo, pero tendrás que aprender a cocinar tus ricos platos. En esta casa somos más personas que tú y no todos tenemos que estar obligados a decidir el mismo tipo de alimentación, así que si alguien de nosotros va a comer de forma distinta tendrá que responsabilizarse de su decisión.

Al principio lo llevé mal, no me gustó la idea, pero todo fue acostumbrarse y hoy me alegro de ello porque soy un experto cocinero, eso sí, de platos vegetarianos. Estoy encantado.
Como no tenía ni idea de cocina, me apunté a un curso intensivo de cocina, allí reconozco que tuve que cocinar “cosas� no vegetarianas; pero no me importó mucho.
Allí aproveché para inculcarles mi “manía� por reciclar y separábamos todos los envases, vidrios, papeles,… cuando tirábamos la basura.

Continue reciclando envases, papel, pilas, aceite, para que el medio ambiente estuviera más limpio.

Lo que más me costó es otra cosa que trate de emprender despues que fue lo de apagar el fuego cinco minutos antes y alfinal también lo consegui.

Poco a poco el resto de la gente del curso empezó a reciclar por si mismos. Y eso es lo importante, que cada uno se de cuenta de la importancia de sus actos en el planeta.
Del consumo responsable, aunque al principio cueste, luego son hábitos de vida rutinarios con los que alargamos la calidad de vida de todo el planeta: reciclar la basura,no excederse usando la calefacción ( poned termostatos y ahorrareis en la factura), intentar usar transporte público,…

No sólo fue importante el haber aprendido estos hábitos alimenticios, sino las nuevas ideas conservacionistas que fueron adquiriendo todos mis allegados y que ellos fueron multiplicando entre sus amigos. Hoy siento que, además de sanar mi cuerpo, he puesto un granito de arena, que se ha multiplicado, para sanar mi planeta.
Cuidemos el ambiente, separemos en origen para reciclar plástico, papel y vidrio, y con ello le daremos a las futuras generaciones un mundo más limpio y con mayores perspectivas.

Abrazar la Tierra, sentir que formamos parte de ella junto con toda la naturaleza y no al revés…todo ello conlleva un cambio de mentalidad, así como también empecé con la meditación y el yoga, replantearme el sistema de creencias, cambiar los hábitos del consumismo por dar la ropa que no me servía a los demás.
Todos Somos Uno!! Me di cuenta de que si queremos que la naturaleza nos cuide como hasta ahora lo ha hecho, debemos escucharla y los más importante: escucharnos a nosotros mismos guiándonos por el corazón, la intuición y no por la mente como lo hemos hecho hasta ahora.
Todos Somos Uno, dejemos el miedo atrás y abracemos esta Nueva Tierra que ya está naciendo, sólo hace falta que más gente despierte.

Y al despertar olvidaran todas las ansias de posesión.
“Es mío, y hago lo que quiera con ello�
¡No! Rotundamente no. Cuando nos demos cuenta de que no tenemos nada, de que no necesitamos nada más allá de lo que nos ofrece la naturaleza, seremos afortunados y libres. Y la libertad nos regará y creceremos sanos y fuertes, y por fin lo que ahora no nos importa será el eje de nuestra vida, y lo que ahora parece importante carecerá de sentido.

Cuanto màs repaso mi historia, màs orgulloso estoy de haberla iniciado. Esta aventura hacia lo natural me hace sentir que formo parte ella.La trato con mimo, respeto y limpieza que ella a mi.
En ocasones,algunos me llaman raro y yo a ellos locos por despilfarrar recursos que acabaran agotándose con lo fácil y barato que es conservarlos.
Tenemos un gran tesoro alredor y se empeñan en ignorarlo . Por suerte cada vez somos más los enamorados de nuestro planeta, asi al natural.

Alquilé un pequeño local cerca de mi casa, estaba muy ilusionado, mi madre me ayudó a decorarlo mientras yo buscaba proveedores para vender productos ecológicos y artesanales. Lo que más me gustaba eran las bolsas que dábamos a los clientes con sus compras, eran de tela verde oscuro y en el centro tenía un conejo blanco.
Al principio me asustaba que mi tienda no tuviera mucho éxito, pero enseguida fue aceptada e incluso venían a comprar mis vecinas.
En la tienda también impartía talleres de reciclado y concienciación medioambiental, tuvieron tanto éxito los cursos que tuve que buscarme un socio. Así fue como conocí a Carmen, mi actual novia. Vegetariana y defensora del medio ambiente. Juntos llevamos la tienda y nos turnamos para impartir los talleres.
Hemos pensado en cambiarnos a un local más grande, para poder dar clases de yoga y tai chí, pero eso es algo que ahora está por decidir.

A días parece que echas de menos comer algo de carne, pero poco a poco esas ganas se van olvidando. El reciclar, ya es algo automático, casi ,casi como el ahorrar en casa y consumir con mucho cuidado y cariño la energía que se nos da.
He plantado muchas macetas con vegetales y plantas que luego podré comer en casa, y regalarle a amigos y vecinos, si saco mucha cosecha…la agricultura orgánica arriba!!! He buscado un sitio en casa para poder hacer mi propio compost, y así abonar naturalmente mis maceticas. Ya están saliendo, pronto habrá tomates a raudales por casa.
Me gusta pasear por el bosque, ese que esta detrás de casa, siempre llevo algo para recoger la basura que dejan por los caminos, y luego la reciclo, como debe ser. Cada día el bosque se ve más contento, y yo también. Si, la naturaleza y nosotros somos uno, todo lo que hagamos por ella, ella nos lo devolverá con creces.

Seguí creciendo por los senderos de la vida, hasta que ésta me premió con mi tesoro más preciado: mi hija. Un trocito de mi carne, con una vida por delante. Esta niña, creció en una idea: Salvar la tierra!!O al menos, eso intenté.
Y lo conseguí, mi admiración hacia ella, cuando cuida de no tirar ni una gota de agua, cuando va y recicla la basura ella solita, me admiro de su respeto por el medio ambiente. A veces lloro de emoción y pienso: No hay nada perdido, las nuevas generaciones cuidarán más que nosotros por su planeta, porque se sienten parte de él, no solo algún sitio donde vivimos.
Todavía quedan esperanza para nuestra madre tierra!!

Un día, sin darme cuenta, noté cierta debilidad y me dije, quizás debería ser un poco más tolerante con los que, a su manera, sostienen otro tipo de ecosistemas, un día, me dije, debería probar la carne, ecológica eso si, proveniente de una ganadería sostenible, y así, mis hijos podrían probar no solo la proteína vegetal, también la animal, y les llevaré a conocer esas granjas donde los animales son tratados con cariño, con paciencia y donde se sabe que su finalidad es la de proporcionar más vida y alimento, ese día le explicare a mi hijo que todo y todos interactuamos en este mundo, que todo el alimento, obtenido con cabeza y criterio es digno de ser comido, que todos los humanos, veganos, vegetarianos u omnívoros debemos ser respetuosos con el medio y con los demás humanos. Años después mi hijo me dijo: fue duro para mi, papá, saber que esos pequeños terneros han sido sacrificados, pero, la proteína que extrajimos en el laboratorio ha producido un alimento que, procesado, ha significado el fin de la muerte por inanición en muchos países del tercer mundo.Papá, ahora comprendo que todo tiene su fin, aunque a los ojos de niños nos parecía extraño y cruel.

Y por eso, porque me considero responsable, como lo somos todos, del despertar de la gente, he decidido publicar este libro. En él compartiré con todos vosotros mis técnicas para lograr, entre todos y con un pequeño esfuerzo, un planeta más saludable: hábitos de reciclaje y ahorro energético, recetas vegetarianas, tiendas de comercio justo y producción responsable… Esta costumbre de compartir aquello en lo que creo empezó, como os he dicho, en mi infancia, y ahora culmina con el momento en que vosotros tenéis este libro en vuestras manos.
Gracias por leer.
Gracias por cuidar el planeta.

Pensaba en todo esto mientras yacía apoyado en aquel tronco que parecía abrazarme. La tarde caía mientras disfrutaba de aquella jugosa manzana. Podía comer todos los días ese fruto fibroso que siempre disfrutaba su sabor como si fuese la primera vez que mis papilas gustativas se presentasen ante su sabor.Absorto estaba por este pensamiento así como por el juego de seducción que tenía el sol con la naturaleza.

La calidez de la brisa me sugería echarme una siesta; podía notar la placidez de empezar a cerrar los párpados…

-�¡Ay!�. Algo cayó del árbol atizando mi cabeza. Era una ramita que hacía tiempo había dejado de ser parte de naturaleza viva -estaba seca-. Era bonita pues se bifurcaba en otras pequeñitas ramitas que parecían juguetear entre ellas. En ese momento pensé que por muy bonita que fuese, me había estropeado mi momento pre-siesta. Me acordé de Newton, -�¡qué oportuno Newton!�.

Podía oír cómo el árbol se reía de mí, intenté hacer como que no le oía, entonces una segunda ramita impactó en mi hombro… Nuevamente risas… -�¡papá que te duermes!�.

No podía ser otra, mi hija disfrutaba llamando mi atención en ese apreciado momento de relax que intentaba buscar los domingos por la tarde.

-�¡Soy parte del árbol papá!�.
Entonces bajaba y me leía la última receta vegetariana que le había pasado mamá y que prometía cocinarme algún día durante la semana. Realmente, nunca llegaba a cocinarlas, sin embargo, el siguiente domingo volvería a prometer que lo haría. Me quedaba boquiabierto con su gracia para inventar -sobre la marcha- ingredientes que no figuraban, eso sí, siempre vegetarianos -parecía que la niña lo tenía muy claro-.

Cuando concluía, la abrazaba junto a mí y degustábamos aquellas manzanas mientras el sol se despedía con su cálida elegancia.

Mi hija y yo somos grandes conversadores.Aprovechamos los espacios inhábiles para dedicarnos a nuestro pasatiempofavorito:charlar sobre la Naturaleza.
En nuestras últimas conversaciones apareció en escena la historia, para mí muy singular,que me ocurrió con un árbol.
-Yo tenía un amigo llamado Eduardo y en cierta ocasión fui a su casa y observé que en su jardín crecía un enorme árbol y se me ocurrió pedirle un esqueje para conservarlo en maceta y,al poco tiempo, me sorprendió con un hermoso ejemplar que superaba los dos metros de altura.
Con mi automóvil utilitario acudí a su casa para recogerlo.Renqueante, con gran esfuerzo y habilidad para transportar un árbol de esas características, conseguí “plantarlo�en el salón de mi hogar.Mi esposa, que no había sospechado sus posibles dimensiones,y yo, que todavía me estaba recuperando de la impresión,pasamos un buen rato con la boca entreabierta sin articular palabra,sentados frente al árbol que se erguía ante nosotros insolente y majestuoso sobre un innoble terrazo impropio para asentar su casta, imaginándonos qué futuro honroso podríamos darle.
Esa noche decidimos que el sitio adecuado para ese árbol que, como mínimo superaría los ocho metros de altura,no era el mejor hogar.Así que lo llevé al campo,no sin antes recorrer 200 km.Mis padres,agricultores de subsistencia de toda la vida sabrían cómo cuidarlo,durante mis prolongadas ausencias.
Mi padre, que es un entusiasta de los árboles frutales,pero desde una perspectiva práctica y de rendimiento,observaba el árbol de arriba abajo.Extrañado y frunciendo el ceño cuando me disponía a trasplantarlo, me preguntó con marcada ironía:
-¿Da manzanas?
-No papá,como mucho semillas.
-Entonces,¿Qué es?-Insistió.
-¿Por qué ese interés por él?
Me preguntaba a mí mismo cómo explicarle el valor no material que aquel árbol tenía para mí, así que poco a poco fui relatándole la historia real.
-Papá,este árbol para mí es un símbolo de amistad.Me lo regaló mi amigo Eduardo y mi preocupación es verlo enraizar.
Tuve la corazonada de que mi padre iba comprendiendo mi interés por este ser vivo.
-Pues verás,teniendo en cuenta que la primavera va ya muy avanzada,no creo que el árbol supere el trasplante-añadió mi padre.
A los pocos meses mi padre me comunicó que el árbol se había agarrado a la tierra con fuerza.Mi alegría fue desbordante.Ahora cada vez que acudo a ese lugar el primer pensamiento que me aborda siempre es para mi amigo Eduardo.
-Como verás hija estoy muy satisfecho de haber librado a nuestro árbol de la intolerancia del ser humano,de terminar sus días bajo la inapelable sierra mecánica.
Le veo desplegar y balancear sus ramas al viento,su copa llegará a lo más alto,y desde su privilegiada situación oteará el mundo.
-Papá,a partir de ahora este será… � nuestro árbol de la amistad�…será � el árbol favorito�,seguro que crecerá y crecerá, yo le auguro una larga vida y tengo la esperanza de que bajo su sombra podremos conversar, quizá alrededor de una mesa saborendo las exquitas comidas que nos prepara la abuela los fines de semana y con nuestro árbol como testigo de excepción.
-Gracias hija por haberme escuchado con tanto entusiasmo y haber comprendido que los árboles, además de darnos fruto,como dice el abuelo,esconden en sus frondosas ramas historias tan entrañables como ésta.

Llegó corriendo –como si estuviese en plena competición con el viento-, su voz que iba algo por delante de ella repetía con acordes de disnea -“papá, papá, papá�… Yo, sentado en el sillón del floreado porche de casa, apenas tuve tiempo de bajar el periódico que leía -más cerca de lo que acostumbraba, pues no sabía dónde había dejado las gafas y la presbicia no perdonaba-.

Entonces frenó en seco y -mientras adoptaba posición de reverencia- agarrada con una mano al cabezal del sillón de mimbre -y la otra, como si quisiese agarrarse el corazón desde su jersey de lana azul-, terminó la frase… “¡papá, van a poner en marcha mi idea, han seleccionado mi trabajo!�

-“¿Qué trabajo, Sofía?� pregunté.

-“¿Cuál va a ser, papá?, el que te pasé, el de la competición del cole para organizar un evento a partir de la motivación personal del alumno/a que mejor la justifique�. –“¡Han cogido la mía!, voy corriendo a contárselo a mamá�.

La expresión “tierra trágame� se había inventado para que yo la utilizase en ese preciso instante. Sofía- una semana antes- se había acercado a mi mesa de trabajo ofreciéndome una manzana y su dossier. Estaba ensimismado trabajando en mi último libro sobre dieta vegetariana para deportistas de élite. Le dije que lo dejase encima de los folios reciclados y que cuando acabase lo leería con atención. Aquél día quería acabar de escribir, imprimí varias copias de los últimos capítulos y la mesa se llenó de innumerables papeles,…-aquella manzana estaba realmente sabrosa-.

Me acerqué a la mesa de trabajo. Aparté el capítulo XII, justo debajo de él estaba el trabajo de mi preciosa niña. Cerré los ojos con un sentimiento hacia mi persona tan decepcionante que parecía cerrarme también un ventrículo de mi corazón. Lo cogí y, al hacerlo, cayeron al suelo mis gafas, mis extraviadas gafas.

El título era “Conociendo el sentimiento vegetariano�. Tenía sólo seis hojas; en ese momento supuse que para su edad debía haber sido un mundo escribir tanto.

Sofía tenía diez años -los mismos que yo cuando, tanto tiempo atrás, había decidido optar por dieta vegetariana-. Había crecido con esa filosofía, respetando cualquier otra costumbre alimentaria de sus amigos o familiares y había escuchado con atención mis discursos sobre tal alimento, sus nutrientes y demás. Le gustaba ser público cuando ensayaba mis ponencias; me ponía nota con unos cartelitos que había hecho a partir de una caja de zapatos. A veces, me suspendía con sonrisa maliciosa. Era algo que teníamos casi ensayado; cuando sacaba su suspenso, yo fingía tristeza y, acto seguido, con ojitos pedía clemencia a la par que mostraba mi cartelito de cartón en el que había pegado una imagen de tableta de chocolate. -“Ummmm, ¡chocolate!�. Entonces, rápidamente, cambiaba la nota. –“Un diez, papá�.

Volví a reflexionar…, tantos libros escritos para compartir con tantos lectores anónimos y había descuidado el efecto sobre mi seguidora más fiel, mi campeona. No tenía tiempo que perder, -“¡a leer!�.

El niño que perdio su tribu
Había una vez un niño que vivía feliz en una tribu del Amazonas,era el 2050,pero el ser humano blanco hizo una matanza para vender la madera, asique el niño perdió su tribu ¿Era posible que el ser humano fuera así? Pues si, porque el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Esta dura lección le llevo a verse solo, a viajar por todo el mundo y buscar un nuevo hogar,una nueva familia. Iba a las ciudades pero alli no habia árboles asique decidió ir a �frica. Nadie queria ir por allí, por una terrible enfermedad,que era una plaga,se llamaba SIDA pero él no tenía miedo y fue a Kenia, allí conoció a un niño llamado Waku-Hutu,de piel negra como la noche,labios carnosos como las fresas y rizos preciosos negros. Desde el primer momento Waku-Hutu lo acogió en su familia,le enseño a ser pastor de cabras y por las tardes era el niño mas feliz del mundo,porque se iba con Waku-Hutu a ver las jirafas,los leones,los tigres,los elefantes,los hipopotamos y los rinocerontes.Y esto fue asi por mucho tiempo y ¿sabeis porque?Porque era un parque para la reserva de la biosfera.