Tenía que estar en esa lista. Era todo por lo que había luchado durante el último año desde que acabé la carrera.
Seis meses como educador ambiental para dinamizar una exposición de Medio Ambiente en el Ayuntamiento de Zaragoza y dos meses como voluntario en el programa â€?Voluntariado en Ríosâ€? era toda la experiencia que había conseguido acumular en mi currículum. Pero tenía que aparecer mi nombre en esa dichosa lista. Tantos trabajos, informes, tutorías, charlas y debates en la facultad… Todo ese esfuerzo tenía que verse recompensado con la oportunidad de mi vida: una beca de un año como colaborador en el proyecto de reforestación de las montañas de Uluguru, en Tanzania. ¡Tanzania!

Sin pensarlo más, dejé que mi dedo índice fuera recorriendo la lista muy despacio… Sentía latir mi corazón muy fuerte. Ni siquiera al ver las notas de los exámenes finales me había puesto tan nervioso…

Tras repasar la lista dos veces para comprobar que había visto bien y que no había ningún error, me di la vuelta y busqué un lugar tranquilo desde el que llamar a Sofía.

-¿Cómo ha ido? ¿Estás en la lista? ¡Suéltalo ya!- dijo ella casi gritando.

- ¡Sí! Sofía, ¡me han dado la beca! -contesté.
No podía creer lo que en ese mismo instante sucedía. Al fin veía algo claro. Iba a colaborar con ese proyecto de reforestación, iba a sentirme realizado con mi trabajo.
Pero ahora sólo me temblaban las piernas y la voz mientras Sofía, desde el otro lado del auricular, me bombardeaba a felicitaciones y preguntas.
Después de una breve reflexión que apenas duró 10 segundos contesté:
- Voy para casa. Más tarde te llamo para quedar- Y apagué el teléfono.
Ahora tenía que hacerme a la idea de todo lo que representaba este viaje a �frica
Cuando iba de camino a casa, decidí pasarme antes a ver a Sofía. Sin avisarla subí hasta su piso corriendo, llamé a la puerta . Cuando abrió esperé un momento para continuar la tensión; al pasar unos segundos le confirme de nuevo la buena noticia: había sido elegido.
- ¡Es lo que siempre esperaste! ¡qué bueno!!! - comentó Sofía, aunque ya no muy alegremente
- ¿Pero… qué pasará con nosotros? - agregó
No podía dejar pasar esa oportunidad, aunque eso implicara alejarme por todo un año de la mujer de mi vida; asumiendo todo el riesgo que ello implicaba…
¡Me voy!, ¡me voy! no podía contener el entusiasmo. Los sueños se hacen realidad, sólo hay que imaginarlo, soñarlo, vivirlo, sentirlo, y hoy éstos se hicieron realidad.
-Como tú me enseñaste Pensamiento + Emoción = Realidad.
Gracias Sofía por apoyarme siempre,
-Tus logros son mis logros - dijo Sofía con emoción.- Tú sabes lo importante que eres para mi.
Con un llanto de felicidad incontenible, le respondí.
- Si tan sólo supieras lo importante que es para mí poner un granito de arena para salvar este mundo del desastre al que lo hemos llevado, de solo pensar en las especies que han desaparecido y las que van a desaparecer si no hacemos algo se me pone la piel de gallina, nuestra especie puede ser la próxima, y siento en mi corazón que si cada uno de nosotros no hace algo este mundo va a estallar.
Sofía no logro contener mi alegría, siento que voy a estallar, que voy a llorar, cada árbol que plante, cada paso que dé siempre lo voy a hacer con el corazón y el pensamiento de que esto va a cambiar la historia que algún día vamos a vivir mejor. Que todos los seres humanos vamos a despertar a tiempo para poder salvar este punto azul que brilla en el universo, nuestro hogar.

¡Tengo que preparar las maletas! -respondí con la voz entrecortada por la emoción. En unos segundos había olvidado la tensión, los nervios, las noches sin dormir, trabajando y estudiando, preparándome para ese momento. Y por fin había llegado.
Ahora sólo era capaz de mirar hacia delante: el futuro estaba ahí y no podía desperdiciarlo…

Estuve toda la tarde desorientado, dando tumbos sin rumbo, sin acabar nada de lo que empezaba, mi mente estaba ya viajando. Los pensamientos y las ideas se gestaban en mi cabeza como nunca lo habían hecho, saliendo al exterior como si fuera un torrente desbordado.
Al llegar la noche seguía rebosante de adrenalina y los nervios del día me impidieron cenar. Comí poco, sin hambre, solo por inercia. Al poco de sentarme a la mesa tuve que levantarme a buscar las guías y los libros sobre Tanzania que tantos años llevaba leyendo y releyendo. Las fotografías de los paisajes, de los animales y de las gentes eran más brillantes que nunca, parecían cobrar vida. Casi se podían oler las flores, oír los sonidos de los animales y sentir cercana la presencia humana de aquellas gentes retratadas.
Un destello luminoso sobre la mesa me llamó la atención. Era el teléfono móvil. Lo tenía silenciado desde que fui a consultar la lista.
Tenía 2 llamadas perdidas. Eran de Pablo. La persona que me había transmitido la realidad que había en Tanzania. Él sería mi contacto allí.
Ya había comentado a �lvaro que iba a encontrarse en un ambiente nada parecido al que nosotros tenemos en Zaragoza, le remití unas reseñas sacadas de Internet para que tomara nota. Una cosa es la teoría y otra la práctica.
Llevo varios meses trabajando en la reforestación de las montañas de Uluguru, es un lugar magnífico en el que cuando se pone la noche no lo hace como en nuestra tierra, no hay esos atardeceres largos y rosados. Aquí, de golpe, es la obscuridad. Eso lleva a tener muy en cuenta nuestro tiempo de trabajo y el tiempo para volver al poblado.
En la noche se despierta otro mundo, el de los depredadores, los leones “mata-hombres�, los mosquitos que devoran poco a poco buscando la fuente de calor que es nuestro cuerpo.
Y es que el medio ambiente no es un camino de rosas, o mejor son “rosas y espinas�.
Al final trabajas por la gente, por esas personas que viven malamente en esos pueblos. Y les falta agua potable, luz, educación… Y eso es lo primero.
Espero que �lvaro traiga algunas ideas de “desarrollo sostenible� que no impliquen que mis amigos vayan toda su vida en taparrabos.

Ensimismado en estos pensamientos me dejé vencer por el sueño y caí sin darme cuenta en los brazos de Morfeo.
Las agitadas emociones de la jornada me pasaban factura y no cesaban de bullir en lo profundo de mi mente. En ese viaje onírico, me vi ataviado únicamente con un taparrabos al más puro estilo de “Rey de la Selva� y saltando de liana en liana, en fiera y desigual batalla contra los cazadores furtivos. Convertido en un híbrido de Tarzán y Don Quijote, me conjuraba a deshacer los entuertos que pudieran provocar las “alimañas de dos patas� y rostro humano. Desalmados que salían carabina en ristre en busca de cualquier pieza que les reportara beneficios a corto plazo. Siempre habrá aquellos que se arriesguen, mientras exista mercado para productos como el marfil, cuerno de rinoceronte, aves exóticas, trofeos para taxidermistas, y una larga lista de especies en peligro de extinción, a causa de la codicia humana.
Un sonido estridente como un disparo proveniente de no sé donde me trajo bruscamente de vuelta al más acá. ¡Un poco mas y me dan! Habrá que tener más cuidado en lo sucesivo.
Todo lo que pasaba por mi mente comenzaba con la T de Tanzania.
Era increíble que me hubiesen seleccionado, aún no podía creer que esto me estuviese sucediendo a mí, por fin tanto esfuerzo y horas de trabajo darían su fruto.
Pero por otro lado quedaba Sofía, la dulce y positiva Sofía. Yo sabía que ella era una persona que sabía empatizar con los demás, y sobre todo deseaba que realizara mis sueños. Pero en lo más profundo de mi alma, sentía un poco de tristeza, porque un año sin sentir su olor iba a ser una dura experiencia y un enorme reto por parte de los dos.
Las horas transcurrieron como si de un tren de alta velocidad se tratase, hasta que por fin llegó el tan esperado día.
Tras varios momentos de charla e intimidad acumulada, me dispuse a colocar mis maletas sobre la cinta transportadora, y fue como si soltase al son del golpe toda la tensión que llevaba contenida. Ahora tenía que estar al cien por cien para comenzar con mi verdadero objetivo, la reforestación en las montañas de Uluguru.
Después de un largo abrazo a Sofía y un nostálgico apretón de manos a mi querido amigo Santiago, que me había acercado al aeropuerto, en un impulso amistoso, crucé la puerta número 16 que me enfrentaba cara a cara con mi destino. No sabía que sucedería, tenía pavor y a la vez ilusión, todo yo era una mezcla de miles de pensamientos, sabores y olores que tenían una sola fijación, llegar a Tanzania lo antes posible y comenzar con mi cometido.
Tras mediodía de vuelo y sonrisas nacaradas de las azafatas, por fin había puesto los pies en Tanzania. Ese, sin lugar a dudas, había sido el momento más excitante de mi aburrida vida, me sentía como un joven Neil Amrstrong con la luna a mis pies.

La cálida brisa acariciaba mis mejillas, era como si desde el asfalto del aeropuerto pudiese percibir el olor de las montañas Uluguru.
De repente mi maletín comenzó a vibrar, sin mirarlo ya sabía que era Pablo, de nuevo mi pecho se llenó de fuerzas para comenzar.

No podía creer que estuviese en ese lugar ¿Estaré soñando?, si es así no quiero despertar nunca , voy a abrir y cerrar los ojos a ver si es lo que estoy vendo real, 1,2,3 ¡siiiii! es real estoy en Tanzania el lugar con el que he soñado desde hace tiempo , donde tantas veces he leido en los periódicos noticias y ahora yo estoy aqui….
Sólo espero que Sofía y mis amigos me esperen cuando llegue a Zaragoza.
Ahora voy a aprovechar el tiempo, necesito colaborar cor el medio ambiente. Comienza una larga aventura.

Una vez llegado a Tanzania descubrí un mundo de colores que mis ojos jamás habían percibido,había muchos árboles si, pero también echaba en falta algunas zonas que, por lo visto, habían servido a determinada gente para enriquecerse. Estaba claro que mi trabajo no iba a ser fácil, jamás lo pensé tampoco era un reto y yo iba a poner todo de mi parte para que saliera bien. Lo primero era presentarme ante la gente con la que iba a compartir momemtos de mi próxima vida, para que vieran lo implicado que estaba y después llamar a Sofía que estaría preocupada por mí.
Así que me fuí a donde me habían indicado y me presenté con un “Hola vengo a aportar mi granito para salvar el mundo….decidme qué puedo hacer�…..

Silvan los pájaros, los simios van de árbol en árbol observando, la maleza es espesa, el caminar lento a golpe de machete.

Mucho es el esfuerzo, el sudor y el trabajo de preparar el bosque. Atento a las picaduras, atento a las serpientes.

Pensamos en los nativos que, alegres, acostumbrados a todo, nos ayudan en la tarea, nos suben el agua previamente clorada, y cantan y cantan.

�frica es un cantar alegre de una vida breve en la que se tienen muy presentes a nuestros antepasados. El bosque de Uluguru es el hábitat para elevar el pensar a las ánimas, ahí donde las acacias inmensas se elevan al cielo, donde la luz está casi oculta.

Hay mucho que hablar, porque el africano es amigo de contar historias. Aquí hay árboles sin “vida�, y otros poblados de espíritus, que no podemos tocarlos. Y además están los ganaderos que piden pastos.

Las rencillas entre poblados exigen tacto. Hay que asistir a TODAS las fiestas, hay que llevar la cabra en todas las bodas, hay que beber con el jefe en todos los actos.

Es gente buena, sencilla para nuestro complicado ver del mundo, pero que admiran al hombre blanco que ha ido ahí a quedarse. Por eso son tan respetados los misioneros de todos los credos cristianos, pues murieron a cientos y no se fueron.

Llevo ya aquí varios años y agradezco a Fernando y a todos estos cooperantes su abnegado trabajo. A ver si se quedan algún tiempo o ¿sólo vienen por un año?

Hoy me reúno con la asociación de voluntariado ambiental.
Me acompaña Pablo, mi enlace. De camino hacia el encuentro charlamos sobre este grupo de ocho españoles que ya llevan varios años en Tanzania colaborando en diferentes proyectos.
Están participando en acciones forestales, sensibilizando a la población en defensa del medio ambiente, promoviendo la educación ambiental…Su objetivo primordial es mejorar, restaurar y conservar espacios naturales degradados.
Ante los comentarios de Pablo, sentía que mi corazón se aceleraba, se agolpaban en mí algunos pensamientos negativos como, si sería bien acogido por el grupo o si sería capaz de conseguir la confianza de la gente rural.
Mi acompañante me parecía una persona tan entrañable que poco a poco fui entusiasmándome con sus comentarios.
Pasado un tiempo relativamente corto, entablamos una animada conversación.
Le conté el cómo y el porqué de mi viaje a Tanzania. También le hablé de mis temores, porque realmente se había cumplido mi sueño, pero era la primera vez que dejaba a los míos en Zaragoza.
- No te va a resultar fácil vivir en estas tierras semiáridas y rodeado de mosquitos y de moscas como la tse-sé, pero aquí la gente es hospitalaria y valoran mucho vuestra labor- me dijo Pablo.
Ya sé que tú no vienes de turista complaciente, ni de vacaciones, pero también podrás encontrar verdaderos paraísos naturales como el cráter de Ngorongoro, esto sí que es un Arca de Noé. Los animales disfrutan de excelentes condiciones climáticas. Verás hipopótamos y hasta flamencos rosados.
La última vez que estuve en este paradisíaco lugar, reflexionaba sobre lo absurdos que somos lo seres humanos, que no somos capaces de conservar los mares, que los utilizamos como retretes planetarios, que vertemos en ellos tal cantidad de contaminantes, que me pregunto si se están vengando de nosotros, pues cada día son más violentos.
Llegamos a nuestro destino y…

Esa chispeante mirada infantil acompañada de una amplia y sincera sonrisa se clavaron en mi retina con tanta fuerza que sé que jamás seré capaz de olvidar a aquella pequeña…¡Ese era nuestro futuro! … Por ellos, por los niños que vienen y por los que vendrán, debía de hacer todo lo que estuviese en mi mano y trabajar duro en aquella comprometida misión en Tanzania.

Motivación no me faltaba. Me sentía feliz. Zaragoza y mi acomodada vida quedaban tan atrás en esos momentos…Intuía que iba a ser una experiencia gratificante aunque dura; pero me lo debía a mí mismo, se lo debía a esa desconocida niña y se lo debía a nuestro planeta. ¡Todos merecemos vivir en un mundo mejor, en un mundo verde, en un mundo que respire!…

De Anna- una de las voluntarias españolas- tengo excelentes referencias. Creo que nos entenderemos a la perfección y me ilusiona pensar que hoy voy conocerla en persona.

Llegamos a nuestro destino y no pude disimular ni mi satisfacción ni mi sorpresa. Nunca había visto tanta gente reunida para una reunión de voluntariado medioambiental. Parecía que por fin la conciencia se iba a apoderando del “mundo desarrollado� y que por fin nos estábamos dando cuenta de lo importante que es para nuestro planeta que todos aportemos nuestro granito de arena.

Miré a algunos de esos voluntarios a los ojos, tenían la mirada cansada de quien ha trabajado mucho y la expresión de sabiduría que otorgan todas las experiencias vividas en un entorno como este. Por un momento se disiparon todas mis dudas, sabía que iba a hacer algo realmente importante, algo que me cambiaría como persona y que cambiaría mi entorno. Sin poder evitarlo un suspiro se escapó de mi boca, como una liberación de todo lo contenido. Estaba en el buen camino…

Me alegraba tanto de estar allí, que se me caían las lágrimas de alegría. Fue alucinante cuando uno de los monitores con la megafonía anunciaba que iba a comenzar uno de los talleres, era taller de reciclaje. Dijo:

- Va a comenzar el taller de reciclaje, el reciclaje engloba los conceptos de recogida selectiva, recuperación, tratamiento y aprovechamiento de materiales que antes eran basura. Los talleres de reciclaje tienen como objetivo formar en técnicas elementales para aprovechar los residuos sólidos y transformarlos en objetos útiles. Con ello se transmiten los beneficios del reciclaje para el medio ambiente, además de estimular la creatividad.

Primero hicimos jabón casero con aceite usado, luego nos invitaron a un refresco y con las latas y con arroz hicimos unas divertidísimas maracas, un gran puzzle con cajas de cartón y con témperas, nos lo pasamos de lujo.

Difrutaba cada momento, por duro que resultase. Estaba tan entusiasmado con la oportunidad que me estaba brindando la vida que ningún temor podía enturbiar el sentimiento de plenitud que sentía. Sin embargo, mi primer mes en �frica no fue fácil, nada fácil… El trabajo era hermoso, de esas tareas que sabes que enriquecerán tu alma, que te harán crecer como persona, pero repletas de trabas, dificultades, retos…

El primero de mis problemas fue la demoledora fiebre que me dejó KO dos semanas después de mi llegada. Vi peligrar mi aventura… Incluso, llegaron a pensar que podría tratarse de fiebre amarilla, ya que los síntomas eran muy parecidos, excepto la ictericia, que no apareció. Estaba tan obsesionado que no paraba de levantarme de la cama y mirarme al espejo para ver si mi cara empezaba a ponerse amarilla. En todo momento, había procurado extremar las precauciones, pero con esos mosquitos, nunca se sabe… Por suerte, fue una falsa alarma.

Empecé a mejorar y volví al trabajo tras unos pocos días de descanso. Volví a retomar la primera misión que me habían encomendado: organizar el encuentro de participación local en el manejo de los bosques de aquella fantástica zona. El primer paso consistiría en visitar, uno a uno, a los líderes de los poblados para concienciarles de la necesidad del cuidado conjunto de los bosques de la zona. Así conocí a Jakaya…

Jakaya era tan bella como inteligente, muy preocupada por la gente de su poblado, sin duda ella quería lo mejor para los suyos. Me llamó la atención que fuera mujer, un líder de los poblados: una mujer, no porque yo sea machista ni mucho menos, pero por su ideología me extrañó, me comía la curiosidad… Le pregunté discretamente sin que se ofendiera y me dijo que el poblado la nombró líder porque en un día plantó 250 árboles.
Le dije: - Eso es imposible.
Me dijo: - No, yo lo conseguí, acabé molida, pero por mi pueblo muero.
- Me encantó.
Es increíble cómo se observan las estrellas por la noche en este lugar. Es un espectáculo realmente asombroso. Uno se siente diminuto, insignificante, pero más en contacto con el mundo, con la Tierra, con nuestro planeta…

Cada noche, Jakaya y yo nos sentamos a observar el firmamento, a hablar de cómo nos ha ido el día, de los progresos que vamos haciendo en el taller. Su ayuda está siendo esencial en todo el proyecto. Poco a poco, empiezan a concienciarse de que, juntos, pueden hacer mucho más por perservar sus bosques, sus tierras.

La satisfacción de saber que vamos por el buen camino, de que cada día estamos un poquito más cerca de nuestro objetivo, ya hace que mi aventura africana haya valido la pena.

Esta noche me despido de todo esto, del poblado, de mis compañeros, de mi día a día con toda esta gente que tan bien me ha acogido, respetado, enseñado… y de Jakaya, que me ha hecho ver el mundo con sus ojos, más puros e inocentes, pero también más comprometidos y leales.

- Tú y yo, rafiki siempre.
- Rafiki siempre, Jakaya, siempre.

No sabe cuánto la echaré de menos.