-Bueno, entonces tendrás que empezar a comer muchas de las cosas que hasta ahora no te gustaban. ¿Lo has pensado bien? Mucha verdura, mucha fruta… No hay mal que por bien no venga – decÃa- asà tendrás un aporte extra de vitaminas.
Pero las semanas pasaban, y yo seguÃa en mis trece. Me costó bastante convencerla de que lo tenÃa muy claro. Afortunadamente, contaba con el apoyo de mi tÃa Berta, que por aquel entonces no tendrÃa más de 25 años. Entre los dos, convencimos a mi madre de que ser vegetariano no significa comer sólo lechuga y zanahorias, ni ser más propenso a enfermar…
-Mamá, no me voy a convertir en un conejo… Pero no quiero volver a comer animales nunca más.
Fue entonces cuando empezamos a informarnos de verdad sobre cuál serÃa desde ese momento mi forma de alimentación, una parte esencial de mi forma de ver y entender el mundo.
Asi poco a poco iba cuidando lo que tenemos y que tanto maltratamos los humanos.
Fue un trabajo interesante confeccionar menús, aprender sobre las proteinas y sus fuentes, los hidratos de carbono de absorción lenta y demás palabrejas que nunca habÃa utilizado. Al fin y al cabo, eso era normal yo estaba en una edad cercana a la adolescencia, encontrándome poco a poco con lo que iba a ser, en una explosión de emociones y búsquedas.Sin embargo, hay algo que aprendà en aquel entonces y que nunca olvidaré, algo que no fueron vegetales, ni minerales…, y fue mi madre la que se encargó de enseñármelo, el dÃa que mirándome a los ojos me dijo:
- Está bien, de acuerdo, pero tendrás que aprender a cocinar tus ricos platos. En esta casa somos más personas que tú y no todos tenemos que estar obligados a decidir el mismo tipo de alimentación, asà que si alguien de nosotros va a comer de forma distinta tendrá que responsabilizarse de su decisión.
Al principio lo llevé mal, no me gustó la idea, pero todo fue acostumbrarse y hoy me alegro de ello porque soy un experto cocinero, eso sÃ, de platos vegetarianos. Estoy encantado.
Como no tenÃa ni idea de cocina, me apunté a un curso intensivo de cocina, allà reconozco que tuve que cocinar “cosasâ€? no vegetarianas; pero no me importó mucho.
Allà aproveché para inculcarles mi “manÃaâ€? por reciclar y separábamos todos los envases, vidrios, papeles,… cuando tirábamos la basura.
Continue reciclando envases, papel, pilas, aceite, para que el medio ambiente estuviera más limpio.
Lo que más me costó es otra cosa que trate de emprender despues que fue lo de apagar el fuego cinco minutos antes y alfinal también lo consegui.
Poco a poco el resto de la gente del curso empezó a reciclar por si mismos. Y eso es lo importante, que cada uno se de cuenta de la importancia de sus actos en el planeta.
Del consumo responsable, aunque al principio cueste, luego son hábitos de vida rutinarios con los que alargamos la calidad de vida de todo el planeta: reciclar la basura,no excederse usando la calefacción ( poned termostatos y ahorrareis en la factura), intentar usar transporte público,…
No sólo fue importante el haber aprendido estos hábitos alimenticios, sino las nuevas ideas conservacionistas que fueron adquiriendo todos mis allegados y que ellos fueron multiplicando entre sus amigos. Hoy siento que, además de sanar mi cuerpo, he puesto un granito de arena, que se ha multiplicado, para sanar mi planeta.
Cuidemos el ambiente, separemos en origen para reciclar plástico, papel y vidrio, y con ello le daremos a las futuras generaciones un mundo más limpio y con mayores perspectivas.
Abrazar la Tierra, sentir que formamos parte de ella junto con toda la naturaleza y no al revés…todo ello conlleva un cambio de mentalidad, asà como también empecé con la meditación y el yoga, replantearme el sistema de creencias, cambiar los hábitos del consumismo por dar la ropa que no me servÃa a los demás.
Todos Somos Uno!! Me di cuenta de que si queremos que la naturaleza nos cuide como hasta ahora lo ha hecho, debemos escucharla y los más importante: escucharnos a nosotros mismos guiándonos por el corazón, la intuición y no por la mente como lo hemos hecho hasta ahora.
Todos Somos Uno, dejemos el miedo atrás y abracemos esta Nueva Tierra que ya está naciendo, sólo hace falta que más gente despierte.
Y al despertar olvidaran todas las ansias de posesión.
“Es mÃo, y hago lo que quiera con elloâ€?
¡No! Rotundamente no. Cuando nos demos cuenta de que no tenemos nada, de que no necesitamos nada más allá de lo que nos ofrece la naturaleza, seremos afortunados y libres. Y la libertad nos regará y creceremos sanos y fuertes, y por fin lo que ahora no nos importa será el eje de nuestra vida, y lo que ahora parece importante carecerá de sentido.
Cuanto màs repaso mi historia, màs orgulloso estoy de haberla iniciado. Esta aventura hacia lo natural me hace sentir que formo parte ella.La trato con mimo, respeto y limpieza que ella a mi.
En ocasones,algunos me llaman raro y yo a ellos locos por despilfarrar recursos que acabaran agotándose con lo fácil y barato que es conservarlos.
Tenemos un gran tesoro alredor y se empeñan en ignorarlo . Por suerte cada vez somos más los enamorados de nuestro planeta, asi al natural.
Alquilé un pequeño local cerca de mi casa, estaba muy ilusionado, mi madre me ayudó a decorarlo mientras yo buscaba proveedores para vender productos ecológicos y artesanales. Lo que más me gustaba eran las bolsas que dábamos a los clientes con sus compras, eran de tela verde oscuro y en el centro tenÃa un conejo blanco.
Al principio me asustaba que mi tienda no tuviera mucho éxito, pero enseguida fue aceptada e incluso venÃan a comprar mis vecinas.
En la tienda también impartÃa talleres de reciclado y concienciación medioambiental, tuvieron tanto éxito los cursos que tuve que buscarme un socio. Asà fue como conocà a Carmen, mi actual novia. Vegetariana y defensora del medio ambiente. Juntos llevamos la tienda y nos turnamos para impartir los talleres.
Hemos pensado en cambiarnos a un local más grande, para poder dar clases de yoga y tai chÃ, pero eso es algo que ahora está por decidir.
A dÃas parece que echas de menos comer algo de carne, pero poco a poco esas ganas se van olvidando. El reciclar, ya es algo automático, casi ,casi como el ahorrar en casa y consumir con mucho cuidado y cariño la energÃa que se nos da.
He plantado muchas macetas con vegetales y plantas que luego podré comer en casa, y regalarle a amigos y vecinos, si saco mucha cosecha…la agricultura orgánica arriba!!! He buscado un sitio en casa para poder hacer mi propio compost, y asà abonar naturalmente mis maceticas. Ya están saliendo, pronto habrá tomates a raudales por casa.
Me gusta pasear por el bosque, ese que esta detrás de casa, siempre llevo algo para recoger la basura que dejan por los caminos, y luego la reciclo, como debe ser. Cada dÃa el bosque se ve más contento, y yo también. Si, la naturaleza y nosotros somos uno, todo lo que hagamos por ella, ella nos lo devolverá con creces.
Seguà creciendo por los senderos de la vida, hasta que ésta me premió con mi tesoro más preciado: mi hija. Un trocito de mi carne, con una vida por delante. Esta niña, creció en una idea: Salvar la tierra!!O al menos, eso intenté.
Y lo conseguÃ, mi admiración hacia ella, cuando cuida de no tirar ni una gota de agua, cuando va y recicla la basura ella solita, me admiro de su respeto por el medio ambiente. A veces lloro de emoción y pienso: No hay nada perdido, las nuevas generaciones cuidarán más que nosotros por su planeta, porque se sienten parte de él, no solo algún sitio donde vivimos.
TodavÃa quedan esperanza para nuestra madre tierra!!
Un dÃa, sin darme cuenta, noté cierta debilidad y me dije, quizás deberÃa ser un poco más tolerante con los que, a su manera, sostienen otro tipo de ecosistemas, un dÃa, me dije, deberÃa probar la carne, ecológica eso si, proveniente de una ganaderÃa sostenible, y asÃ, mis hijos podrÃan probar no solo la proteÃna vegetal, también la animal, y les llevaré a conocer esas granjas donde los animales son tratados con cariño, con paciencia y donde se sabe que su finalidad es la de proporcionar más vida y alimento, ese dÃa le explicare a mi hijo que todo y todos interactuamos en este mundo, que todo el alimento, obtenido con cabeza y criterio es digno de ser comido, que todos los humanos, veganos, vegetarianos u omnÃvoros debemos ser respetuosos con el medio y con los demás humanos. Años después mi hijo me dijo: fue duro para mi, papá, saber que esos pequeños terneros han sido sacrificados, pero, la proteÃna que extrajimos en el laboratorio ha producido un alimento que, procesado, ha significado el fin de la muerte por inanición en muchos paÃses del tercer mundo.Papá, ahora comprendo que todo tiene su fin, aunque a los ojos de niños nos parecÃa extraño y cruel.
Y por eso, porque me considero responsable, como lo somos todos, del despertar de la gente, he decidido publicar este libro. En él compartiré con todos vosotros mis técnicas para lograr, entre todos y con un pequeño esfuerzo, un planeta más saludable: hábitos de reciclaje y ahorro energético, recetas vegetarianas, tiendas de comercio justo y producción responsable… Esta costumbre de compartir aquello en lo que creo empezó, como os he dicho, en mi infancia, y ahora culmina con el momento en que vosotros tenéis este libro en vuestras manos.
Gracias por leer.
Gracias por cuidar el planeta.
Pensaba en todo esto mientras yacÃa apoyado en aquel tronco que parecÃa abrazarme. La tarde caÃa mientras disfrutaba de aquella jugosa manzana. PodÃa comer todos los dÃas ese fruto fibroso que siempre disfrutaba su sabor como si fuese la primera vez que mis papilas gustativas se presentasen ante su sabor.Absorto estaba por este pensamiento asà como por el juego de seducción que tenÃa el sol con la naturaleza.
La calidez de la brisa me sugerÃa echarme una siesta; podÃa notar la placidez de empezar a cerrar los párpados…
-â€?¡Ay!â€?. Algo cayó del árbol atizando mi cabeza. Era una ramita que hacÃa tiempo habÃa dejado de ser parte de naturaleza viva -estaba seca-. Era bonita pues se bifurcaba en otras pequeñitas ramitas que parecÃan juguetear entre ellas. En ese momento pensé que por muy bonita que fuese, me habÃa estropeado mi momento pre-siesta. Me acordé de Newton, -â€?¡qué oportuno Newton!â€?.
PodÃa oÃr cómo el árbol se reÃa de mÃ, intenté hacer como que no le oÃa, entonces una segunda ramita impactó en mi hombro… Nuevamente risas… -â€?¡papá que te duermes!â€?.
No podÃa ser otra, mi hija disfrutaba llamando mi atención en ese apreciado momento de relax que intentaba buscar los domingos por la tarde.
-�¡Soy parte del árbol papá!�.
Entonces bajaba y me leÃa la última receta vegetariana que le habÃa pasado mamá y que prometÃa cocinarme algún dÃa durante la semana. Realmente, nunca llegaba a cocinarlas, sin embargo, el siguiente domingo volverÃa a prometer que lo harÃa. Me quedaba boquiabierto con su gracia para inventar -sobre la marcha- ingredientes que no figuraban, eso sÃ, siempre vegetarianos -parecÃa que la niña lo tenÃa muy claro-.
Cuando concluÃa, la abrazaba junto a mà y degustábamos aquellas manzanas mientras el sol se despedÃa con su cálida elegancia.
Mi hija y yo somos grandes conversadores.Aprovechamos los espacios inhábiles para dedicarnos a nuestro pasatiempofavorito:charlar sobre la Naturaleza.
En nuestras últimas conversaciones apareció en escena la historia, para mà muy singular,que me ocurrió con un árbol.
-Yo tenÃa un amigo llamado Eduardo y en cierta ocasión fui a su casa y observé que en su jardÃn crecÃa un enorme árbol y se me ocurrió pedirle un esqueje para conservarlo en maceta y,al poco tiempo, me sorprendió con un hermoso ejemplar que superaba los dos metros de altura.
Con mi automóvil utilitario acudà a su casa para recogerlo.Renqueante, con gran esfuerzo y habilidad para transportar un árbol de esas caracterÃsticas, conseguà “plantarloâ€?en el salón de mi hogar.Mi esposa, que no habÃa sospechado sus posibles dimensiones,y yo, que todavÃa me estaba recuperando de la impresión,pasamos un buen rato con la boca entreabierta sin articular palabra,sentados frente al árbol que se erguÃa ante nosotros insolente y majestuoso sobre un innoble terrazo impropio para asentar su casta, imaginándonos qué futuro honroso podrÃamos darle.
Esa noche decidimos que el sitio adecuado para ese árbol que, como mÃnimo superarÃa los ocho metros de altura,no era el mejor hogar.Asà que lo llevé al campo,no sin antes recorrer 200 km.Mis padres,agricultores de subsistencia de toda la vida sabrÃan cómo cuidarlo,durante mis prolongadas ausencias.
Mi padre, que es un entusiasta de los árboles frutales,pero desde una perspectiva práctica y de rendimiento,observaba el árbol de arriba abajo.Extrañado y frunciendo el ceño cuando me disponÃa a trasplantarlo, me preguntó con marcada ironÃa:
-¿Da manzanas?
-No papá,como mucho semillas.
-Entonces,¿Qué es?-Insistió.
-¿Por qué ese interés por él?
Me preguntaba a mà mismo cómo explicarle el valor no material que aquel árbol tenÃa para mÃ, asà que poco a poco fui relatándole la historia real.
-Papá,este árbol para mà es un sÃmbolo de amistad.Me lo regaló mi amigo Eduardo y mi preocupación es verlo enraizar.
Tuve la corazonada de que mi padre iba comprendiendo mi interés por este ser vivo.
-Pues verás,teniendo en cuenta que la primavera va ya muy avanzada,no creo que el árbol supere el trasplante-añadió mi padre.
A los pocos meses mi padre me comunicó que el árbol se habÃa agarrado a la tierra con fuerza.Mi alegrÃa fue desbordante.Ahora cada vez que acudo a ese lugar el primer pensamiento que me aborda siempre es para mi amigo Eduardo.
-Como verás hija estoy muy satisfecho de haber librado a nuestro árbol de la intolerancia del ser humano,de terminar sus dÃas bajo la inapelable sierra mecánica.
Le veo desplegar y balancear sus ramas al viento,su copa llegará a lo más alto,y desde su privilegiada situación oteará el mundo.
-Papá,a partir de ahora este será… � nuestro árbol de la amistad�…será � el árbol favorito�,seguro que crecerá y crecerá, yo le auguro una larga vida y tengo la esperanza de que bajo su sombra podremos conversar, quizá alrededor de una mesa saborendo las exquitas comidas que nos prepara la abuela los fines de semana y con nuestro árbol como testigo de excepción.
-Gracias hija por haberme escuchado con tanto entusiasmo y haber comprendido que los árboles, además de darnos fruto,como dice el abuelo,esconden en sus frondosas ramas historias tan entrañables como ésta.
Llegó corriendo –como si estuviese en plena competición con el viento-, su voz que iba algo por delante de ella repetÃa con acordes de disnea -“papá, papá, papáâ€?… Yo, sentado en el sillón del floreado porche de casa, apenas tuve tiempo de bajar el periódico que leÃa -más cerca de lo que acostumbraba, pues no sabÃa dónde habÃa dejado las gafas y la presbicia no perdonaba-.
Entonces frenó en seco y -mientras adoptaba posición de reverencia- agarrada con una mano al cabezal del sillón de mimbre -y la otra, como si quisiese agarrarse el corazón desde su jersey de lana azul-, terminó la frase… “¡papá, van a poner en marcha mi idea, han seleccionado mi trabajo!�
-“¿Qué trabajo, SofÃa?â€? pregunté.
-“¿Cuál va a ser, papá?, el que te pasé, el de la competición del cole para organizar un evento a partir de la motivación personal del alumno/a que mejor la justifiqueâ€?. –“¡Han cogido la mÃa!, voy corriendo a contárselo a mamáâ€?.
La expresión “tierra trágameâ€? se habÃa inventado para que yo la utilizase en ese preciso instante. SofÃa- una semana antes- se habÃa acercado a mi mesa de trabajo ofreciéndome una manzana y su dossier. Estaba ensimismado trabajando en mi último libro sobre dieta vegetariana para deportistas de élite. Le dije que lo dejase encima de los folios reciclados y que cuando acabase lo leerÃa con atención. Aquél dÃa querÃa acabar de escribir, imprimà varias copias de los últimos capÃtulos y la mesa se llenó de innumerables papeles,…-aquella manzana estaba realmente sabrosa-.
Me acerqué a la mesa de trabajo. Aparté el capÃtulo XII, justo debajo de él estaba el trabajo de mi preciosa niña. Cerré los ojos con un sentimiento hacia mi persona tan decepcionante que parecÃa cerrarme también un ventrÃculo de mi corazón. Lo cogà y, al hacerlo, cayeron al suelo mis gafas, mis extraviadas gafas.
El tÃtulo era “Conociendo el sentimiento vegetarianoâ€?. TenÃa sólo seis hojas; en ese momento supuse que para su edad debÃa haber sido un mundo escribir tanto.
SofÃa tenÃa diez años -los mismos que yo cuando, tanto tiempo atrás, habÃa decidido optar por dieta vegetariana-. HabÃa crecido con esa filosofÃa, respetando cualquier otra costumbre alimentaria de sus amigos o familiares y habÃa escuchado con atención mis discursos sobre tal alimento, sus nutrientes y demás. Le gustaba ser público cuando ensayaba mis ponencias; me ponÃa nota con unos cartelitos que habÃa hecho a partir de una caja de zapatos. A veces, me suspendÃa con sonrisa maliciosa. Era algo que tenÃamos casi ensayado; cuando sacaba su suspenso, yo fingÃa tristeza y, acto seguido, con ojitos pedÃa clemencia a la par que mostraba mi cartelito de cartón en el que habÃa pegado una imagen de tableta de chocolate. -“Ummmm, ¡chocolate!â€?. Entonces, rápidamente, cambiaba la nota. –“Un diez, papáâ€?.
Volvà a reflexionar…, tantos libros escritos para compartir con tantos lectores anónimos y habÃa descuidado el efecto sobre mi seguidora más fiel, mi campeona. No tenÃa tiempo que perder, -“¡a leer!â€?.
El niño que perdio su tribu
HabÃa una vez un niño que vivÃa feliz en una tribu del Amazonas,era el 2050,pero el ser humano blanco hizo una matanza para vender la madera, asique el niño perdió su tribu ¿Era posible que el ser humano fuera asÃ? Pues si, porque el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Esta dura lección le llevo a verse solo, a viajar por todo el mundo y buscar un nuevo hogar,una nueva familia. Iba a las ciudades pero alli no habia árboles asique decidió ir a Ã?frica. Nadie queria ir por allÃ, por una terrible enfermedad,que era una plaga,se llamaba SIDA pero él no tenÃa miedo y fue a Kenia, allà conoció a un niño llamado Waku-Hutu,de piel negra como la noche,labios carnosos como las fresas y rizos preciosos negros. Desde el primer momento Waku-Hutu lo acogió en su familia,le enseño a ser pastor de cabras y por las tardes era el niño mas feliz del mundo,porque se iba con Waku-Hutu a ver las jirafas,los leones,los tigres,los elefantes,los hipopotamos y los rinocerontes.Y esto fue asi por mucho tiempo y ¿sabeis porque?Porque era un parque para la reserva de la biosfera.
Continue reciclando envases, papel, pilas, aceite, para que el medio ambiente estuviera más limpio.
Lo que más me costó es otra cosa que trate de emprender despues que fue lo de apagar el fuego cinco minutos antes y alfinal también lo consegui.
Asi poco a poco iba cuidando lo que tenemos y que tanto maltratamos los humanos.
Fue un trabajo interesante confeccionar menús, aprender sobre las proteinas y sus fuentes, los hidratos de carbono de absorción lenta y demás palabrejas que nunca habÃa utilizado. Al fin y al cabo…, eso era normal yo estaba en una edad cercana a la adolescencia, encontrándome poco a poco con lo que iba a ser, en una explosión de emociones y búsquedas…sin embargo, hay algo que aprendà en aquel entonces y que nunca olvidaré, algo que no fueron vegetales, ni minerales…, y fue mi madre la que se encargó de enseñármelo, el dÃa que mirándome a los ojos me dijo:
- Está bien, de acuerdo, pero tendrás que aprender a cocinar tus ricos platos. En esta casa somos más personas que tú y no todos tenemos que estar obligados a decidir el mismo tipo de alimentación, asà que si alguien de nosotros va a comer de forma distinta tendrá que responsabilizarse de su decisión.
Al principio lo llevé mal, no me gustó la idea, pero todo fue acostumbrarse y hoy me alegro de ello porque soy un experto cocinero, eso sÃ, de platos vegetarianos. Estoy encantado.
Como no tenÃa ni idea de cocina, me apunté a un curso intensivo de cocina, allà reconozco que tuve que cocinar “cosas” no vegetarianas; pero no me importó mucho.
Allà aproveché para inculcarles mi “manÃa” por reciclar y separábamos todos los envases, vidrios, papeles,… cuando tirábamos la basura.
Poco a poco el resto de la gente del curso empezo a reciclar por si mismos. Y eso es lo importante, que cada uno se de cuenta de la importancia de sus actos en el planeta.
Del consumo responsable, aunque al principio cueste, luego son habitos de vida rutinarios con los que alargamos la calidad de vida de todo el planeta: reciclar la basura,no excederse usando la calefaccion( poned termostatos y ahorrareis en la factura), intentar usar transporte publico,…
No solo fue importante el haber aprendido estos habitos alimenticios, sino las nuevas ideas conservacionistas que fueron adquiriendo todos mis allegados y que ellos fueron multiplicando entre sus amigos. Hoy me siento que además de sanar mi cuerpo e puesto un granito de arena, que se ha multiplicado, por sanar mi planeta.
Cuidemos el ambiente, separemos en origen para reciclar plástico, papel y vidrio, y con ello le daremos a las futuras generaciones un mundo más limpio y con mayores perpectivas
Abrazar la Tierra,sentir que formamos parte de ella junto con toda la naturaleza y no al revés…todo ello conlleva un cambio de mentalidad,asà como también empecé con la meditación y el yoga,replantearme el sistema de creencias,cambiar los hábitos del consumismo por dar la ropa que no me servÃa a los demás.
Todos Somos Uno!!Me di cuenta de que si queremos que la naturaleza nos cuide como hasta ahora lo ha hecho,debemos escucharla y los más importante:escucharnos a nosotros mismos guiándonos por el corazón,la intuición y no por la mente como lo hemos hecho hasta ahora.
Todos Somos Uno,dejemos el miedo atrás y abracemos esta Nueva Tierra que ya está naciendo,sólo hace falta que más gente despierte.
Y al despertar olvidaran todas las ansias de posesión.
“Es mÃo, y hago lo que quiera con ello”
¡No! Rotundamente no. Cuando nos demos cuenta de que no tenemos nada, de que no necesitamos nada más allá de lo que nos ofrece la naturaleza, seremos afortunados y libres. Y la libertad nos regará y creceremos sanos y fuertes, y por fin lo que ahora no nos importa será el eje de nuestra vida, y lo que ahora parece importante carecerá de sentido.
Cuanto màs repaso mi historia, màs orgulloso estoy de haberla iniciado. Esta aventura hacia lo natural me hace sentir que formo parte ella.La trato con mimo, respeto y limpieza que ella a mi.
En ocasones,algunos me llaman raro y yo a ellos locos por despilfarrar recursos que acabaran agotándose con lo fácil y barato que es conservarlos.
Tenemos un gran tesoro alredor y se empeñan en ignorarlo . Por suerte cada vez somos más los enamorados de nuestro planeta ,asi al natural.
Alquilé un pequeño local cerca de mi casa, estaba muy ilusionado, mi madre me ayudó a decorarlo mientras yo buscaba proveedores para vender productos ecológicos y artesanales. Lo que más me gustaba eran las bolsas que dábamos a los clientes con sus compras, eran de tela verde oscuro y en el centro tenÃa un conejo blanco.
Al principio me asustaba que mi tienda no tuviera mucho éxito, pero enseguida fue aceptada e incluso venÃan a comprar mis vecinas.
En la tienda también impartÃa talleres de reciclado y concienciación medioambiental, tuvieron tanto éxito los cursos que tuve que buscarme un socio. Asà fue como conocà a Carmen, mi actual novia. Vegetariana y defensora del medio ambiente. Juntos llevamos la tienda y nos turnamos para impartir los talleres.
Hemos pensado en cambiarnos a un local más grande, para poder dar clases de yoga y tai chÃ, pero eso es algo que ahora está por decidir.
A dias parece que echas de menos comer algo de carne, pero poco a poco esas ganas se van olvidando. El reciclar, ya es algo automatico, casi casi como el ahorrar en casa y consumir con mucho cuidado y cariño la energia que se nos da.
He plantado muchas macetas con vegetales y plantas que luego podre comer en casa, y regalarle a amigos y vecinos, si saco mucha cosecha…la agricultura organica arriba!!! He buscado un sitio en casa para poder hacer mi propio compost, y asi abonar naturalmente mis maceticas. Ya estan saliendo, pronto habra tomates a raudales por casa
Me gusta pasear por el bosque, ese que esta detras de casa, siempre llevo algo para recoger la basura que dejan por los caminos, y luego la reciclo, como debe ser. Cada dia el bosque se ve mas contento, y yo tambien. Si, la naturaleza y nosotros somos uno, todo lo que hagamos por ella, ella nos lo devolvera con creces.
Seguà creciendo por los senderos de la vida, hasta que ésta me premió con mi tesoro más preciado: mi hija.Un trocito de mi carne, con una vida por delante.Esta niña, creció en una idea: Salvar la tierra!!O al menos, eso itenté.
Y lo conseguÃ, mi admiración hacia ella,cuando cuida de no tirar ni una gota de agua, cuando va y recicla la basura ella solita, me admiro de su respeto por el medio ambiente. A veces lloro de emoción y pienso: No hay nada perdido, las nuevas generaciones cuidarán más que nosotros por su planeta, porque se sienten parte de él, no solo algún sitio donde vivimos.
Todavia quedan esperanza para nuestra madre tierra!!
un dia, sin darme cuenta note cierta debilidad y me dije, quizas deberÃa ser un poco mas tolerante con los que, a su manera, sostienen otro tipo de ecosistemas, un dia, me dije, deberÃa probar la carne, ecologica eso si, proveniente de una ganaderia sostenible, y asi, mis hijos podrÃan probar no solo la proteina vegetal, también la animal, y les llevaré a conocer esas granjas donde los animales son tratados con cariño, con paciencia y donde se sabe que su finalidad es la de propocionar mas vida y alimento, ese dia le explicare a mi hijo que todo y todos interactuamos en este mundo, que todo el alimento, obtenido con cabeza y criterio es digno de ser comido, que todos los humanos, veganos, vegetarianos u omnivoros debemos ser respetuosos con el medio y con los demas humanos. Años después mi hijo me dijo: fue duro para mi, mama, saber que esos pequeños terneros han sido sacrificados, pero, la proteina qque extrajimos en el laboratorio ha producido un alimento que, procesado, ha significado el fin de la muerte por inanicion en muchos paises del tercer mundo. Mama, ahora comprendo que todo tiene su fin, aunque a los ojos de niños nos parecia extraño y cruel.
Y por eso, porque me considero responsable, como lo somos todos, del despertar de la gente, he decidido publicar este libro. En él compartiré con todos vosotros mis técnicas para lograr, entre todos y con un pequeño esfuerzo, un planeta más saludable: hábitos de reciclaje y ahorro energético, recetas vegetarianas, tiendas de comercio justo y producción responsable… Esta costumbre de compartir aquello en lo que creo empezó, como os he dicho, en mi infancia, y ahora culmina con el momento en que vosotros tenéis este libro en vuestras manos.
Gracias por leer.
Gracias por cuidar el planeta.
Pensaba en todo esto mientras yacÃa apoyado en aquel tronco que parecÃa abrazarme. La tarde caÃa mientras disfrutaba de aquella jugosa manzana. PodÃa comer todos los dÃas ese fruto fibroso que siempre disfrutaba su sabor como si fuese la primera vez que mis papilas gustativas se presentasen ante su sabor.Absorto estaba por este pensamiento asà como por el juego de seducción que tenÃa el sol con la naturaleza.
La calidez de la brisa me sugerÃa echarme una siesta; podÃa notar la placidez de empezar a cerrar los párpados…
-”¡Ay!”. Algo cayó del árbol atizando mi cabeza. Era una ramita que hacÃa tiempo habÃa dejado de ser parte de naturaleza viva -estaba seca-. Era bonita pues se bifurcaba en otras pequeñitas ramitas que parecÃan juguetear entre ellas. En ese momento pensé que por muy bonita que fuese, me habÃa estropeado mi momento pre-siesta. Me acordé de Newton, -”¡qué oportuno Newton!”.
PodÃa oÃr cómo el árbol se reÃa de mÃ, intenté hacer como que no le oÃa, entonces una segunda ramita impactó en mi hombro… Nuevamente risas… -”¡papá que te duermes!”.
No podÃa ser otra, mi hija disfrutaba llamando mi atención en ese apreciado momento de relax que intentaba buscar los domingos por la tarde.
-”¡Soy parte del árbol papá!”.
Entonces bajaba y me leÃa la última receta vegetariana que le habÃa pasado mamá y que prometÃa cocinarme algún dÃa durante la semana. Realmente, nunca llegaba a cocinarlas, sin embargo, el siguiente domingo volverÃa a prometer que lo harÃa. Me quedaba boquiabierto con su gracia para inventar -sobre la marcha- ingredientes que no figuraban, eso sÃ, siempre vegetarianos -parecÃa que la niña lo tenÃa muy claro-.
Cuando concluÃa, la abrazaba junto a mà y degustábamos aquellas manzanas mientras el sol se despedÃa con su cálida elegancia.
Mi hija y yo somos grandes conversadores.Aprovechamos los espacios inhábiles para dedicarnos a nuestro pasatiempofavorito:charlar sobre la Naturaleza.
En nuestras últimas conversaciones apareció en escena la historia, para mà muy singular,que me ocurrió con un árbol.
-Yo tenÃa un amigo llamado Eduardo y en cierta ocasión fui a su casa y observé que en su jardÃn crecÃa un enorme árbol y se me ocurrió pedirle un esqueje para conservarlo en maceta y,al poco tiempo, me sorprendió con un hermoso ejemplar que superaba los dos metros de altura.
Con mi automóvil utilitario acudà a su casa para recogerlo.Renqueante, con gran esfuerzo y habilidad para transportar un árbol de esas caracterÃsticas, conseguà “plantarlo”en el salón de mi hogar.Mi esposa, que no habÃa sospechado sus posibles dimensiones,y yo, que todavÃa me estaba recuperando de la impresión,pasamos un buen rato con la boca entreabierta sin articular palabra,sentados frente al árbol que se erguÃa ante nosotros insolente y majestuoso sobre un innoble terrazo impropio para asentar su casta, imaginándonos qué futuro honroso podrÃamos darle.
Esa noche decidimos que el sitio adecuado para ese árbol que, como mÃnimo superarÃa los ocho metros de altura,no era el mejor hogar.Asà que lo llevé al campo,no sin antes recorrer 200 km.Mis padres,agricultores de subsistencia de toda la vida sabrÃan cómo cuidarlo,durante mis prolongadas ausencias.
Mi padre, que es un entusiasta de los árboles frutales,pero desde una perspectiva práctica y de rendimiento,observaba el árbol de arriba abajo.Extrañado y frunciendo el ceño cuando me disponÃa a trasplantarlo, me preguntó con marcada ironÃa:
-¿Da manzanas?
-No papá,como mucho semillas.
-Entonces,¿Qué es?-Insistió.
-¿Por qué ese interés por él?
Me preguntaba a mà mismo cómo explicarle el valor no material que aquel árbol tenÃa para mÃ, asà que poco a poco fui relatándole la historia real.
-Papá,este árbol para mà es un sÃmbolo de amistad.Me lo regaló mi amigo Eduardo y mi preocupación es verlo enraizar.
Tuve la corazonada de que mi padre iba comprendiendo mi interés por este ser vivo.
-Pues verás,teniendo en cuenta que la primavera va ya muy avanzada,no creo que el árbol supere el trasplante-añadió mi padre.
A los pocos meses mi padre me comunicó que el árbol se habÃa agarrado a la tierra con fuerza.Mi alegrÃa fue desbordante.Ahora cada vez que acudo a ese lugar el primer pensamiento que me aborda siempre es para mi amigo Eduardo.
-Como verás hija estoy muy satisfecho de haber librado a nuestro árbol de la intolerancia del ser humano,de terminar sus dÃas bajo la inapelable sierra mecánica.
Le veo desplegar y balancear sus ramas al viento,su copa llegará a lo más alto,y desde su privilegiada situación oteará el mundo.
-Papá,a partir de ahora este será… ” nuestro árbol de la amistad”…será ” el árbol favorito”,seguro que crecerá y crecerá, yo le auguro una larga vida y tengo la esperanza de que bajo su sombra podremos conversar, quizá alrededor de una mesa saborendo las exquitas comidas que nos prepara la abuela los fines de semana y con nuestro árbol como testigo de excepción.
-Gracias hija por haberme escuchado con tanto entusiasmo y haber comprendido que los árboles, además de darnos fruto,como dice el abuelo,esconden en sus frondosas ramas historias tan entrañables como ésta.
Llegó corriendo –como si estuviese en plena competición con el viento-, su voz que iba algo por delante de ella repetÃa con acordes de disnea -“papá, papá, papáâ€?… Yo, sentado en el sillón del floreado porche de casa, apenas tuve tiempo de bajar el periódico que leÃa -más cerca de lo que acostumbraba, pues no sabÃa dónde habÃa dejado las gafas y la presbicia no perdonaba-.
Entonces frenó en seco y -mientras adoptaba posición de reverencia- agarrada con una mano al cabezal del sillón de mimbre -y la otra, como si quisiese agarrarse el corazón desde su jersey de lana azul-, terminó la frase… “¡papá, van a poner en marcha mi idea, han seleccionado mi trabajo!�
-“¿Qué trabajo, SofÃa?â€? pregunté.
-“¿Cuál va a ser, papá?, el que te pasé, el de la competición del cole para organizar un evento a partir de la motivación personal del alumno/a que mejor la justifiqueâ€?. –“¡Han cogido la mÃa!, voy corriendo a contárselo a mamáâ€?.
La expresión “tierra trágameâ€? se habÃa inventado para que yo la utilizase en ese preciso instante. SofÃa- una semana antes- se habÃa acercado a mi mesa de trabajo ofreciéndome una manzana y su dossier. Estaba ensimismado trabajando en mi último libro sobre dieta vegetariana para deportistas de élite. Le dije que lo dejase encima de los folios reciclados y que cuando acabase lo leerÃa con atención. Aquél dÃa querÃa acabar de escribir, imprimà varias copias de los últimos capÃtulos y la mesa se llenó de innumerables papeles,…-aquella manzana estaba realmente sabrosa-.
Me acerqué a la mesa de trabajo. Aparté el capÃtulo XII, justo debajo de él estaba el trabajo de mi preciosa niña. Cerré los ojos con un sentimiento hacia mi persona tan decepcionante que parecÃa cerrarme también un ventrÃculo de mi corazón. Lo cogà y, al hacerlo, cayeron al suelo mis gafas, mis extraviadas gafas.
El tÃtulo era “Conociendo el sentimiento vegetarianoâ€?. TenÃa sólo seis hojas; en ese momento supuse que para su edad debÃa haber sido un mundo escribir tanto.
SofÃa tenÃa diez años -los mismos que yo cuando, tanto tiempo atrás, habÃa decidido optar por dieta vegetariana-. HabÃa crecido con esa filosofÃa, respetando cualquier otra costumbre alimentaria de sus amigos o familiares y habÃa escuchado con atención mis discursos sobre tal alimento, sus nutrientes y demás. Le gustaba ser público cuando ensayaba mis ponencias; me ponÃa nota con unos cartelitos que habÃa hecho a partir de una caja de zapatos. A veces, me suspendÃa con sonrisa maliciosa. Era algo que tenÃamos casi ensayado; cuando sacaba su suspenso, yo fingÃa tristeza y, acto seguido, con ojitos pedÃa clemencia a la par que mostraba mi cartelito de cartón en el que habÃa pegado una imagen de tableta de chocolate. -“Ummmm, ¡chocolate!â€?. Entonces, rápidamente, cambiaba la nota. –“Un diez, papáâ€?.
Volvà a reflexionar…, tantos libros escritos para compartir con tantos lectores anónimos y habÃa descuidado el efecto sobre mi seguidora más fiel, mi campeona. No tenÃa tiempo que perder, -“¡a leer!â€?.
El niño que perdio su tribu
Habia una vez un niño que vivia feliz en una tribu del Amazonas,era el 2050,pero el ser humano blanco hizo una matanza para vender la madera.Asi que el niño perdio su tribu ¿Era posible que el ser humano fuera asi.Pues si,porque el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor.Esta dura leccion le llevo a verse solo,a viajar por todo el mundo y buscar un nuevo hogar,una nueva familia.Iba a las ciudades,pero alli no habia arboles.Asi que decidio ir a Africa,nadie queria ir por alli,por una terrible enfermedad,que era una plaga,se llamaba SIDA.Pero el no tenia miedo y fue a Kenia,alli conocio a un niño llamado Waku-Hutu,de piel negra como la noche,labios carnosos como las fresas y rizos preciosos negros.Desde el primer momento Waku-Hutu lo acogio en su familia,le enseño a ser pastor de cabras y por las tardes era el niño mas feliz del mundo,porque se iba con Waku-Hutu a ver las jirafas,los leones,los tigres,los elefantes,los hipopotamos y los rinocerontes.Y esto fue asi por mucho tiempo y ¿sabeis porque?Porque era un parque para la reserva de la biosfera.