Seis meses como educador ambiental para dinamizar una exposición de Medio Ambiente en el Ayuntamiento de Zaragoza y dos meses como voluntario en el programa â€?Voluntariado en RÃosâ€? era toda la experiencia que habÃa conseguido acumular en mi currÃculum. Pero tenÃa que aparecer mi nombre en esa dichosa lista. Tantos trabajos, informes, tutorÃas, charlas y debates en la facultad… Todo ese esfuerzo tenÃa que verse recompensado con la oportunidad de mi vida: una beca de un año como colaborador en el proyecto de reforestación de las montañas de Uluguru, en Tanzania. ¡Tanzania!
Sin pensarlo más, dejé que mi dedo Ãndice fuera recorriendo la lista muy despacio… SentÃa latir mi corazón muy fuerte. Ni siquiera al ver las notas de los exámenes finales me habÃa puesto tan nervioso…
Tras repasar la lista dos veces para comprobar que habÃa visto bien y que no habÃa ningún error, me di la vuelta y busqué un lugar tranquilo desde el que llamar a SofÃa.
-¿Cómo ha ido? ¿Estás en la lista? ¡Suéltalo ya!- dijo ella casi gritando.
- ¡SÃ! SofÃa, ¡me han dado la beca! -contesté.
No podÃa creer lo que en ese mismo instante sucedÃa. Al fin veÃa algo claro. Iba a colaborar con ese proyecto de reforestación, iba a sentirme realizado con mi trabajo.
Pero ahora sólo me temblaban las piernas y la voz mientras SofÃa, desde el otro lado del auricular, me bombardeaba a felicitaciones y preguntas.
Después de una breve reflexión que apenas duró 10 segundos contesté:
- Voy para casa. Más tarde te llamo para quedar- Y apagué el teléfono.
Ahora tenÃa que hacerme a la idea de todo lo que representaba este viaje a Ã?frica
Cuando iba de camino a casa, decidà pasarme antes a ver a SofÃa. Sin avisarla subà hasta su piso corriendo, llamé a la puerta . Cuando abrió esperé un momento para continuar la tensión; al pasar unos segundos le confirme de nuevo la buena noticia: habÃa sido elegido.
- ¡Es lo que siempre esperaste! ¡qué bueno!!! - comentó SofÃa, aunque ya no muy alegremente
- ¿Pero… qué pasará con nosotros? - agregó
No podÃa dejar pasar esa oportunidad, aunque eso implicara alejarme por todo un año de la mujer de mi vida; asumiendo todo el riesgo que ello implicaba…
¡Me voy!, ¡me voy! no podÃa contener el entusiasmo. Los sueños se hacen realidad, sólo hay que imaginarlo, soñarlo, vivirlo, sentirlo, y hoy éstos se hicieron realidad.
-Como tú me enseñaste Pensamiento + Emoción = Realidad.
Gracias SofÃa por apoyarme siempre,
-Tus logros son mis logros - dijo SofÃa con emoción.- Tú sabes lo importante que eres para mi.
Con un llanto de felicidad incontenible, le respondÃ.
- Si tan sólo supieras lo importante que es para mà poner un granito de arena para salvar este mundo del desastre al que lo hemos llevado, de solo pensar en las especies que han desaparecido y las que van a desaparecer si no hacemos algo se me pone la piel de gallina, nuestra especie puede ser la próxima, y siento en mi corazón que si cada uno de nosotros no hace algo este mundo va a estallar.
SofÃa no logro contener mi alegrÃa, siento que voy a estallar, que voy a llorar, cada árbol que plante, cada paso que dé siempre lo voy a hacer con el corazón y el pensamiento de que esto va a cambiar la historia que algún dÃa vamos a vivir mejor. Que todos los seres humanos vamos a despertar a tiempo para poder salvar este punto azul que brilla en el universo, nuestro hogar.
¡Tengo que preparar las maletas! -respondà con la voz entrecortada por la emoción. En unos segundos habÃa olvidado la tensión, los nervios, las noches sin dormir, trabajando y estudiando, preparándome para ese momento. Y por fin habÃa llegado.
Ahora sólo era capaz de mirar hacia delante: el futuro estaba ahà y no podÃa desperdiciarlo…
Estuve toda la tarde desorientado, dando tumbos sin rumbo, sin acabar nada de lo que empezaba, mi mente estaba ya viajando. Los pensamientos y las ideas se gestaban en mi cabeza como nunca lo habÃan hecho, saliendo al exterior como si fuera un torrente desbordado.
Al llegar la noche seguÃa rebosante de adrenalina y los nervios del dÃa me impidieron cenar. Comà poco, sin hambre, solo por inercia. Al poco de sentarme a la mesa tuve que levantarme a buscar las guÃas y los libros sobre Tanzania que tantos años llevaba leyendo y releyendo. Las fotografÃas de los paisajes, de los animales y de las gentes eran más brillantes que nunca, parecÃan cobrar vida. Casi se podÃan oler las flores, oÃr los sonidos de los animales y sentir cercana la presencia humana de aquellas gentes retratadas.
Un destello luminoso sobre la mesa me llamó la atención. Era el teléfono móvil. Lo tenÃa silenciado desde que fui a consultar la lista.
TenÃa 2 llamadas perdidas. Eran de Pablo. La persona que me habÃa transmitido la realidad que habÃa en Tanzania. Él serÃa mi contacto allÃ.
Ya habÃa comentado a Ã?lvaro que iba a encontrarse en un ambiente nada parecido al que nosotros tenemos en Zaragoza, le remità unas reseñas sacadas de Internet para que tomara nota. Una cosa es la teorÃa y otra la práctica.
Llevo varios meses trabajando en la reforestación de las montañas de Uluguru, es un lugar magnÃfico en el que cuando se pone la noche no lo hace como en nuestra tierra, no hay esos atardeceres largos y rosados. AquÃ, de golpe, es la obscuridad. Eso lleva a tener muy en cuenta nuestro tiempo de trabajo y el tiempo para volver al poblado.
En la noche se despierta otro mundo, el de los depredadores, los leones “mata-hombres�, los mosquitos que devoran poco a poco buscando la fuente de calor que es nuestro cuerpo.
Y es que el medio ambiente no es un camino de rosas, o mejor son “rosas y espinas�.
Al final trabajas por la gente, por esas personas que viven malamente en esos pueblos. Y les falta agua potable, luz, educación… Y eso es lo primero.
Espero que �lvaro traiga algunas ideas de “desarrollo sostenible� que no impliquen que mis amigos vayan toda su vida en taparrabos.
Ensimismado en estos pensamientos me dejé vencer por el sueño y caà sin darme cuenta en los brazos de Morfeo.
Las agitadas emociones de la jornada me pasaban factura y no cesaban de bullir en lo profundo de mi mente. En ese viaje onÃrico, me vi ataviado únicamente con un taparrabos al más puro estilo de “Rey de la Selvaâ€? y saltando de liana en liana, en fiera y desigual batalla contra los cazadores furtivos. Convertido en un hÃbrido de Tarzán y Don Quijote, me conjuraba a deshacer los entuertos que pudieran provocar las “alimañas de dos patasâ€? y rostro humano. Desalmados que salÃan carabina en ristre en busca de cualquier pieza que les reportara beneficios a corto plazo. Siempre habrá aquellos que se arriesguen, mientras exista mercado para productos como el marfil, cuerno de rinoceronte, aves exóticas, trofeos para taxidermistas, y una larga lista de especies en peligro de extinción, a causa de la codicia humana.
Un sonido estridente como un disparo proveniente de no sé donde me trajo bruscamente de vuelta al más acá. ¡Un poco mas y me dan! Habrá que tener más cuidado en lo sucesivo.
Todo lo que pasaba por mi mente comenzaba con la T de Tanzania.
Era increÃble que me hubiesen seleccionado, aún no podÃa creer que esto me estuviese sucediendo a mÃ, por fin tanto esfuerzo y horas de trabajo darÃan su fruto.
Pero por otro lado quedaba SofÃa, la dulce y positiva SofÃa. Yo sabÃa que ella era una persona que sabÃa empatizar con los demás, y sobre todo deseaba que realizara mis sueños. Pero en lo más profundo de mi alma, sentÃa un poco de tristeza, porque un año sin sentir su olor iba a ser una dura experiencia y un enorme reto por parte de los dos.
Las horas transcurrieron como si de un tren de alta velocidad se tratase, hasta que por fin llegó el tan esperado dÃa.
Tras varios momentos de charla e intimidad acumulada, me dispuse a colocar mis maletas sobre la cinta transportadora, y fue como si soltase al son del golpe toda la tensión que llevaba contenida. Ahora tenÃa que estar al cien por cien para comenzar con mi verdadero objetivo, la reforestación en las montañas de Uluguru.
Después de un largo abrazo a SofÃa y un nostálgico apretón de manos a mi querido amigo Santiago, que me habÃa acercado al aeropuerto, en un impulso amistoso, crucé la puerta número 16 que me enfrentaba cara a cara con mi destino. No sabÃa que sucederÃa, tenÃa pavor y a la vez ilusión, todo yo era una mezcla de miles de pensamientos, sabores y olores que tenÃan una sola fijación, llegar a Tanzania lo antes posible y comenzar con mi cometido.
Tras mediodÃa de vuelo y sonrisas nacaradas de las azafatas, por fin habÃa puesto los pies en Tanzania. Ese, sin lugar a dudas, habÃa sido el momento más excitante de mi aburrida vida, me sentÃa como un joven Neil Amrstrong con la luna a mis pies.
La cálida brisa acariciaba mis mejillas, era como si desde el asfalto del aeropuerto pudiese percibir el olor de las montañas Uluguru.
De repente mi maletÃn comenzó a vibrar, sin mirarlo ya sabÃa que era Pablo, de nuevo mi pecho se llenó de fuerzas para comenzar.
No podÃa creer que estuviese en ese lugar ¿Estaré soñando?, si es asà no quiero despertar nunca , voy a abrir y cerrar los ojos a ver si es lo que estoy vendo real, 1,2,3 ¡siiiii! es real estoy en Tanzania el lugar con el que he soñado desde hace tiempo , donde tantas veces he leido en los periódicos noticias y ahora yo estoy aqui….
Sólo espero que SofÃa y mis amigos me esperen cuando llegue a Zaragoza.
Ahora voy a aprovechar el tiempo, necesito colaborar cor el medio ambiente. Comienza una larga aventura.
Una vez llegado a Tanzania descubrà un mundo de colores que mis ojos jamás habÃan percibido,habÃa muchos árboles si, pero también echaba en falta algunas zonas que, por lo visto, habÃan servido a determinada gente para enriquecerse. Estaba claro que mi trabajo no iba a ser fácil, jamás lo pensé tampoco era un reto y yo iba a poner todo de mi parte para que saliera bien. Lo primero era presentarme ante la gente con la que iba a compartir momemtos de mi próxima vida, para que vieran lo implicado que estaba y después llamar a SofÃa que estarÃa preocupada por mÃ.
Asà que me fuà a donde me habÃan indicado y me presenté con un “Hola vengo a aportar mi granito para salvar el mundo….decidme qué puedo hacerâ€?…..
Silvan los pájaros, los simios van de árbol en árbol observando, la maleza es espesa, el caminar lento a golpe de machete.
Mucho es el esfuerzo, el sudor y el trabajo de preparar el bosque. Atento a las picaduras, atento a las serpientes.
Pensamos en los nativos que, alegres, acostumbrados a todo, nos ayudan en la tarea, nos suben el agua previamente clorada, y cantan y cantan.
�frica es un cantar alegre de una vida breve en la que se tienen muy presentes a nuestros antepasados. El bosque de Uluguru es el hábitat para elevar el pensar a las ánimas, ahà donde las acacias inmensas se elevan al cielo, donde la luz está casi oculta.
Hay mucho que hablar, porque el africano es amigo de contar historias. Aquà hay árboles sin “vidaâ€?, y otros poblados de espÃritus, que no podemos tocarlos. Y además están los ganaderos que piden pastos.
Las rencillas entre poblados exigen tacto. Hay que asistir a TODAS las fiestas, hay que llevar la cabra en todas las bodas, hay que beber con el jefe en todos los actos.
Es gente buena, sencilla para nuestro complicado ver del mundo, pero que admiran al hombre blanco que ha ido ahà a quedarse. Por eso son tan respetados los misioneros de todos los credos cristianos, pues murieron a cientos y no se fueron.
Llevo ya aquà varios años y agradezco a Fernando y a todos estos cooperantes su abnegado trabajo. A ver si se quedan algún tiempo o ¿sólo vienen por un año?
Hoy me reúno con la asociación de voluntariado ambiental.
Me acompaña Pablo, mi enlace. De camino hacia el encuentro charlamos sobre este grupo de ocho españoles que ya llevan varios años en Tanzania colaborando en diferentes proyectos.
Están participando en acciones forestales, sensibilizando a la población en defensa del medio ambiente, promoviendo la educación ambiental…Su objetivo primordial es mejorar, restaurar y conservar espacios naturales degradados.
Ante los comentarios de Pablo, sentÃa que mi corazón se aceleraba, se agolpaban en mà algunos pensamientos negativos como, si serÃa bien acogido por el grupo o si serÃa capaz de conseguir la confianza de la gente rural.
Mi acompañante me parecÃa una persona tan entrañable que poco a poco fui entusiasmándome con sus comentarios.
Pasado un tiempo relativamente corto, entablamos una animada conversación.
Le conté el cómo y el porqué de mi viaje a Tanzania. También le hablé de mis temores, porque realmente se habÃa cumplido mi sueño, pero era la primera vez que dejaba a los mÃos en Zaragoza.
- No te va a resultar fácil vivir en estas tierras semiáridas y rodeado de mosquitos y de moscas como la tse-sé, pero aquà la gente es hospitalaria y valoran mucho vuestra labor- me dijo Pablo.
Ya sé que tú no vienes de turista complaciente, ni de vacaciones, pero también podrás encontrar verdaderos paraÃsos naturales como el cráter de Ngorongoro, esto sà que es un Arca de Noé. Los animales disfrutan de excelentes condiciones climáticas. Verás hipopótamos y hasta flamencos rosados.
La última vez que estuve en este paradisÃaco lugar, reflexionaba sobre lo absurdos que somos lo seres humanos, que no somos capaces de conservar los mares, que los utilizamos como retretes planetarios, que vertemos en ellos tal cantidad de contaminantes, que me pregunto si se están vengando de nosotros, pues cada dÃa son más violentos.
Llegamos a nuestro destino y…
Esa chispeante mirada infantil acompañada de una amplia y sincera sonrisa se clavaron en mi retina con tanta fuerza que sé que jamás seré capaz de olvidar a aquella pequeña…¡Ese era nuestro futuro! … Por ellos, por los niños que vienen y por los que vendrán, debÃa de hacer todo lo que estuviese en mi mano y trabajar duro en aquella comprometida misión en Tanzania.
Motivación no me faltaba. Me sentÃa feliz. Zaragoza y mi acomodada vida quedaban tan atrás en esos momentos…IntuÃa que iba a ser una experiencia gratificante aunque dura; pero me lo debÃa a mà mismo, se lo debÃa a esa desconocida niña y se lo debÃa a nuestro planeta. ¡Todos merecemos vivir en un mundo mejor, en un mundo verde, en un mundo que respire!…
De Anna- una de las voluntarias españolas- tengo excelentes referencias. Creo que nos entenderemos a la perfección y me ilusiona pensar que hoy voy conocerla en persona.
Llegamos a nuestro destino y no pude disimular ni mi satisfacción ni mi sorpresa. Nunca habÃa visto tanta gente reunida para una reunión de voluntariado medioambiental. ParecÃa que por fin la conciencia se iba a apoderando del “mundo desarrolladoâ€? y que por fin nos estábamos dando cuenta de lo importante que es para nuestro planeta que todos aportemos nuestro granito de arena.
Miré a algunos de esos voluntarios a los ojos, tenÃan la mirada cansada de quien ha trabajado mucho y la expresión de sabidurÃa que otorgan todas las experiencias vividas en un entorno como este. Por un momento se disiparon todas mis dudas, sabÃa que iba a hacer algo realmente importante, algo que me cambiarÃa como persona y que cambiarÃa mi entorno. Sin poder evitarlo un suspiro se escapó de mi boca, como una liberación de todo lo contenido. Estaba en el buen camino…
Me alegraba tanto de estar allÃ, que se me caÃan las lágrimas de alegrÃa. Fue alucinante cuando uno de los monitores con la megafonÃa anunciaba que iba a comenzar uno de los talleres, era taller de reciclaje. Dijo:
- Va a comenzar el taller de reciclaje, el reciclaje engloba los conceptos de recogida selectiva, recuperación, tratamiento y aprovechamiento de materiales que antes eran basura. Los talleres de reciclaje tienen como objetivo formar en técnicas elementales para aprovechar los residuos sólidos y transformarlos en objetos útiles. Con ello se transmiten los beneficios del reciclaje para el medio ambiente, además de estimular la creatividad.
Primero hicimos jabón casero con aceite usado, luego nos invitaron a un refresco y con las latas y con arroz hicimos unas divertidÃsimas maracas, un gran puzzle con cajas de cartón y con témperas, nos lo pasamos de lujo.
Difrutaba cada momento, por duro que resultase. Estaba tan entusiasmado con la oportunidad que me estaba brindando la vida que ningún temor podÃa enturbiar el sentimiento de plenitud que sentÃa. Sin embargo, mi primer mes en Ã?frica no fue fácil, nada fácil… El trabajo era hermoso, de esas tareas que sabes que enriquecerán tu alma, que te harán crecer como persona, pero repletas de trabas, dificultades, retos…
El primero de mis problemas fue la demoledora fiebre que me dejó KO dos semanas después de mi llegada. Vi peligrar mi aventura… Incluso, llegaron a pensar que podrÃa tratarse de fiebre amarilla, ya que los sÃntomas eran muy parecidos, excepto la ictericia, que no apareció. Estaba tan obsesionado que no paraba de levantarme de la cama y mirarme al espejo para ver si mi cara empezaba a ponerse amarilla. En todo momento, habÃa procurado extremar las precauciones, pero con esos mosquitos, nunca se sabe… Por suerte, fue una falsa alarma.
Empecé a mejorar y volvà al trabajo tras unos pocos dÃas de descanso. Volvà a retomar la primera misión que me habÃan encomendado: organizar el encuentro de participación local en el manejo de los bosques de aquella fantástica zona. El primer paso consistirÃa en visitar, uno a uno, a los lÃderes de los poblados para concienciarles de la necesidad del cuidado conjunto de los bosques de la zona. Asà conocà a Jakaya…
Jakaya era tan bella como inteligente, muy preocupada por la gente de su poblado, sin duda ella querÃa lo mejor para los suyos. Me llamó la atención que fuera mujer, un lÃder de los poblados: una mujer, no porque yo sea machista ni mucho menos, pero por su ideologÃa me extrañó, me comÃa la curiosidad… Le pregunté discretamente sin que se ofendiera y me dijo que el poblado la nombró lÃder porque en un dÃa plantó 250 árboles.
Le dije: - Eso es imposible.
Me dijo: - No, yo lo conseguÃ, acabé molida, pero por mi pueblo muero.
- Me encantó.
Es increÃble cómo se observan las estrellas por la noche en este lugar. Es un espectáculo realmente asombroso. Uno se siente diminuto, insignificante, pero más en contacto con el mundo, con la Tierra, con nuestro planeta…
Cada noche, Jakaya y yo nos sentamos a observar el firmamento, a hablar de cómo nos ha ido el dÃa, de los progresos que vamos haciendo en el taller. Su ayuda está siendo esencial en todo el proyecto. Poco a poco, empiezan a concienciarse de que, juntos, pueden hacer mucho más por perservar sus bosques, sus tierras.
La satisfacción de saber que vamos por el buen camino, de que cada dÃa estamos un poquito más cerca de nuestro objetivo, ya hace que mi aventura africana haya valido la pena.
Esta noche me despido de todo esto, del poblado, de mis compañeros, de mi dÃa a dÃa con toda esta gente que tan bien me ha acogido, respetado, enseñado… y de Jakaya, que me ha hecho ver el mundo con sus ojos, más puros e inocentes, pero también más comprometidos y leales.
- Tú y yo, rafiki siempre.
- Rafiki siempre, Jakaya, siempre.
No sabe cuánto la echaré de menos.
Comenzamos la segunda historia de nuestro y vuestro Libro Verde. Un nuevo tema que, como veis, queda totalmente abierto a vuestros comentarios e imaginación.
- ¡SÃ! SofÃa, ¡me han dado la beca! -contesté.
No podÃa creer lo que en ese mismo instante sucedÃa. Al fin veÃa algo claro. Iba a colaborar con ese proyecto de reforestación, iba a sentirme realizado con mi trabajo.
Pero ahora sólo me temblaban las piernas y la voz mientras SofÃa, desde el otro lado del auricular, me bombardeaba a felicitaciones y preguntas.
Después de una breve reflexión que apenas duró 10 segundos contesté:
- Voy para casa. Más tarde te llamo para quedar.
Y apagué el teléfono.
Ahora tenÃa que hacerme a la idea de todo lo que representaba este viaje a Ã?frica
espere un momento para que continue la tension; al pasar unos segundos le confirme la buena noticia: habia sido elegido.
- Es lo que siempre esperaste!!! que bueno!!! - comento Sofia, aunque no muy alegremente
- ¿Pero que pasara con nosotros? - agrego
No podia dejar pasar esa oportunidad, aunque eso implicaba alejarme por todo un año de la mujer de mi vida; asumiendo todo el riesgo que ello implicaba…
me voy, me voy no podÃa contener el entusiasmo, los sue;nos se hacen realidad, solo hay que imaginarlo, so;narlo, vivirlo, sentirlo, y hay esta se hizo realidad. como tu me ence;naste Pensamiento + Emoción = Realidad.
Gracias SofÃa por apoyarme siempre,
Sofia dice con emoción, tus logros son mis logros tu sabes lo importante que eres para mi.
con un llanto de felicidad incontenible, le respondi.
Si tan solo supieras lo importante que es para mi poner un granito de arena para salvar este mundo del desastre al que lo hemos llevado, de solo pensar en las especies que han desaparecido y las que van a desaparecer si no hacemos algo se me pone la piel de gallina, nuestra especie puede ser la próxima, y siento en mi corazón que si cada uno de nosotros no hace algo este mundo va a estallar.
SofÃa no logro contener mi alegrÃa, siento que voy a estallar, que voy a llorar, cada árbol que plante, cada paso que de siempre lo voy a hacer con el pensamiento y el corazón de que esto va a cambiar la historia que algún dÃa vamos a vivir mejor. Que todos los seres humanaos vamos a despertar a tiempo para poder salvar este este punto azul que brilla en el universo, nuestro hogar
¡Prepara las maletas! -respondà yo, con la voz entrecortada por la emoción. En unos segundos habia olvidado la tensión, los nervios, las noches sin dormir, trabajando y estudiando, preparándome para ese momento. Y por fin habia llegado.
Ahora sólo era capaz de mirar hacia delante: el futuro estaba ahà y no podia desperdiciarlo…
Estuve toda la tarde desorientado, dando tumbos sin rumbo, sin acabar nada de lo que empezaba, mi mente estaba ya viajando. Los pensamientos y las ideas se gestaban en mi cabeza como nunca lo habÃan hecho, saliendo al exterior como si fuera un torrente desbordado.
Al llegar la noche seguÃa rebosante de adrenalina y los nervios del dÃa me impidieron cenar. Comà poco, sin hambre, solo por inercia. Al poco de sentarme a la mesa tuve que levantarme a buscar las guÃas y los libros sobre Tanzania que tantos años llevaba leyendo y releyendo. Las fotografÃas de los paisajes, de los animales y de las gentes eran más brillantes que nunca, parecÃan cobrar vida. Casi se podÃan oler las flores, oir los sonidos de los animales y sentir cercana la presencia humana de aquellas gentes retratadas.
Un destello luminoso sobre la mesa me llamó la atención. Era el teléfono movil. Lo tenÃa silenciado desde que fui a consultar la lista.
Ya habÃa comentado a Sonia y a su amigo que iban a encontrarse en un ambiente nada parecido al que nosotros tenemos en Zaragoza, les remità unas reseñas sacadas de Internet para que tomaran nota. Una cosa es la teorÃa y otra la práctica.
Llevo varios meses trabajando en la reforestación de las montañas de Uluguru, es un lugar magnÃfico en el que cuando se pone la noche no lo hace como en nuestra tierra, no hay esos atardeceres largos y rosados. AquÃ, de golpe, es la obscuridad. Eso lleva a tener muy en cuenta nuestro tiempo de trabajo y el tiempo para volver al poblado.
En la noche se despierta otro mundo, el de los depredadores, los leones “mata-hombres”, los mosquitos que devoran poco a poco buscando la fuente de calor que es nuestro cuerpo.
Y es que el medio ambiente no es un camino de rosas, o mejor son “rosas y espinas”.
Al final trabajas por la gente, por esas personas que viven malamente en esos pueblos. Y les falta agua potable, luz, educación… Y eso es lo primero.
Espero que SofÃa y su amigo traigan algunas ideas de “desarrollo sostenible” que no impliquen que mis amigos vayan toda su vida en taparrabos.
Ensimismado en estos pensamientos me dejé vencer por el sueño y caà sin darme cuenta en los brazos de morfeo.
Las agitadas emociones de la jornada me pasaban factura y no cesaban de bullir en lo profundo de mi mente. En ese viaje onÃrico, me vi ataviado unicamente con un taparrabos al mas puro estilo de “Rey de la Selva” y saltando de liana en liana, en fiera y desigual batalla contra los cazadores furtivos. Convertido en un hÃbrido de Tarzán y Don Quijote, me conjuraba a desfacer los entuertos que pudieran provocar las “alimañas de dos patas” y rostro humano. Desalmados que salÃan carabina en ristre en busca de cualquier pieza que les reportara beneficios a corto plazo. Siempre habrá aquellos que se arriesguen, mientras exista mercado para productos como el marfil, cuerno de rinoceronte, aves exóticas, trofeos para taxidermistas, y un larga lista de especies en peligro de extinción, a causa de la codicia humana.
Un sonido estridente como un disparo proviniente de no sé donde me trajo bruscamente de vuelta al mas acá. ¡Un poco mas y me dan! Habrá que tener mas cuidado en lo sucesivo.
Esa noche no podÃa conciliar el sueño, todo lo que pasaba por mi mente comenzaba con la T de Tanzania.
Era increÃble que me hubiesen seleccionado, aún no podÃa creer que esto me estuviese sucediendo a mÃ, por fin tanto esfuerzo y horas de trabajo darÃan su fruto.
Pero por otro lado quedaba SofÃa, la dulce y positiva SofÃa. Yo sabÃa que ella era una persona que sabÃa empatizar con los demás, y sobre todo deseaba que realizara mis sueños. Pero en lo más profundo de mi alma, sentÃa un poco de tristeza, porque un año sin sentir su olor iba a ser una dura experiencia y un enorme reto por parte de los dos.
Las horas transcurrieron como si de un tren de alta velocidad se tratase, hasta que por fin llegó el tan esperado dÃa.
Tras varios momentos de charla e intimidad acumulada, me dispuse a colocar mis maletas sobre la cinta transportadora, y fue como si soltase al son del golpe toda la tensión que llevaba contenida. Ahora tenÃa que estar al cien por cien para comenzar con mi verdadero objetivo, la reforestación en las montañas de Uluguru.
Después de un largo abrazo a SofÃa y un nostálgico apretón de manos a mi querido amigo Santiago, que me habÃa acercado al aeropuerto, en un impulso amistoso. Crucé la puerta número 16 que me enfrentaba cara a cara con mi destino. No sabÃa que sucederÃa, tenÃa pavor y a la vez ilusión, todo yo era una mezcla de miles de pensamientos, sabores y olores que tenÃan una sola fijación, llegar a Tanzania lo antes posible y comenzar con mi cometido.
Tras mediodÃa de vuelo y sonrisas nacaradas de las azafatas, por fin habÃa puesto los pies en Tanzania. Ese, sin lugar a dudas, habÃa sido el momento más excitante de mi aburrida vida, me sentÃa como un joven Neil Amrstrong con la luna a mis pies.
La cálida brisa acariciaba mis mejillas, era como si desde el asfalto del aeropuerto pudiese percibir el olor de las montañas Uluguru.
De repente mi maletÃn comenzó a vibrar, sin mirarlo ya sabÃa que era Pablo, de nuevo mi pecho se llenó de fuerzas para comenzar.
No podÃa creer que estuviese en ese lugar. ¿esteré soñando¿ , si es asà no quiero despertar nunca , voy a abrir y cerrar los ojos haber si es lo que estoy vendo real, 1,2,3 siiiii es real estoy en Tanzania el lugar donde he soñado desde hace tiempo , donde tantas veces he leido en los periodicos noticias y ahora yo estoy aqui….
Solo espero que Sofia y mis amigos me esperen cuando llegue a Zaragoza.
Ahora voy a aprovechar el tiempo necesito colaborar por el medio ambiente y hacer que nuestra especie y nuestros seres vivos sigan procreando y haya diversidad de animales, ¿os imaginais un mundo sin animales? yo no y no lo voy a permitir.
Comienza una larga aventura.
Una vez llegado a Tanzania descubrà un mundo de colores que mis ojos jamás habÃan percibido,habÃa muchos árboles si,pero también echaba en falta algunas zonas que por lo visto habÃan servido a determinada gente para enriquecerse,estaba claro que mi trabajo no iba a ser fácil,jamás lo pensé tampoco,era un reto y yo iba a poner todo de mi parte para que saliera bien,lo primero era presentarme ante la gente con la que iba a compartir momemtos de mi próxima vida,para que vieran lo implicado que estaba y después llamar a SofÃa que estarÃa preocupada por mÃ.
Asà que me fuà a donde me habÃan indicado y me presente con un “Hola vengo a aportar mi granito para salvar el mundo….decidme que puedo hacer”…..
Silvan los pájaros, los simios van de árbol en árbol observando, la maleza es espesa, el caminar lento a golpe de machete.
Mucho es el esfuerzo, el sudor y el trabajo de preparar el bosque. Atento a las picaduras, atento a las serpientes.
Pensamos en los nativos que, alegres, acostumbrados a todo, nos ayudan en la tarea, nos suben el agua previamente clorada, y cantan y cantan.
�frica es un cantar alegre de una vida breve en la que se tienen muy presentes a nuestros antepasados. El bosque de Uluguru es el hábitat para elevar el pensar a las ánimas, ahà donde las acacias inmensas se elevan al cielo, donde la luz está casi oculta.
Hay mucho que hablar, porque el africano es amigo de contar historias. Aquà hay árboles sin “vida”, y otros poblados de espÃritus, que no podemos tocarlos. Y además están los ganaderos que piden pastos.
Las rencillas entre poblados exigen tacto. Hay que asistir a TODAS las fiestas, hay que llevar la cabra en todas las bodas, hay que beber con el jefe en todos los actos.
Es gente buena, sencilla para nuestro complicado ver del mundo, pero que admiran al hombre blanco que ha ido ahà a quedarse. Por eso son tan respetados los misioneros de todos los credos cristianos, pues murieron a cientos y no se fueron.
Llevo ya aquà varios años y agradezco a Fernando y a todos estos cooperantes su abnegado trabajo. A ver si se quedan algún tiempo o ¿sólo vienen por un año?
Aviso a todos los participantes.
Recordad que estamos constantemente añadiendo vuestros comentarios a la historia, por ello y para verla correctamente, no os olvidéis de actualizar la página frecuentemente. Es la forma de poder seguir el orden de la historia.
Gracias a todos!
Hoy tengo una entrevista con una asociación de voluntariado ambiental.
Me acompaña Pablo, mi enlace. De camino hacia el encuentro me comenta que se trata de un grupo de ocho españoles que ya llevan varios años ne Tanzania colaborando en diferentes proyectos.
Están participando en acciones forestales,sensibilizando a la población en defensa del medio ambiente, promoviendo la educación ambiental…Su objetivo primordial es mejorar,restaurar y conservar espacios naturales degradados.
Ante los comentarios de Pablo, sentÃa que mi corazón se aceleraba,se agolpaban en mà algunos pensamientos negativos como, si serÃa bien acogido por el grupo o si serÃa capaz de conseguir la confianza de la gente rural.
Mi acompañante me parecÃa una persona tan entrañable que poco a poco fui entusiasmándome con sus comentarios.
Pasado un tiempo relativamente corto,entablamos una animada conversación.
Le conté el cómo y el porqué de mi viaje a Tanzania. También le hablé de mis temores, porque realmente se habÃa cumplido mi sueño, pero era la primera vez que dejaba a los mÃos en Zaragoza.
-No te va a resultar fácil vivir en estas tierras semiáridas y rodeado de mosquitos y de moscas como la tse-sé, pero aquà la gente es hospitalaria y valoran mucho vuestra labor- me dijo Pablo.
Ya sé que tú no vienes de turista complaciente, ni de vacaciones,pero también podrás encontrar verdaderos paraÃsos naturales como el cráter de Ngorongoro, esto sà que es un Arca de Noé ecuatoriano.Los animales disfrutan de excelentes condiciones climáticas.Verás hipopótamos y hasta flamencos rosados.
La última vez que estuve en este paradisÃaco lugar,reflexionaba sobre lo absurdos que somos lo seres humanos,que no somos capaces de conservar los mares, que los utilizamos como retretes planetarios,que vertemos en ellos tal cantidad de contaminantes, que me pregunto si se están vengando de nosotros,pues cada dÃa son más violentos.
Llegamos a nuestro destino y…
Esa chispeante mirada infantil acompañada de una amplia y sincera sonrisa se clavaron en mi retina con tanta fuerza que sé que jamás seré capaz de olvidar a aquella pequeña…¡Ese era nuestro futuro! … Por ellos, por los niños que vienen y por los que vendrán, debÃa de hacer todo lo que estuviese en mi mano y trabajar duro en aquella comprometida misión en Tanzania.
Motivación no me faltaba. Me sentÃa feliz. Zaragoza y mi acomodada vida quedaban tan atrás en esos momentos…IntuÃa que iba a ser una experiencia gratificante aunque dura; pero me lo debÃa a mà mismo, se lo debÃa a esa desconocida niña y se lo debÃa a nuestro planeta. ¡Todos merecemos vivir en un mundo mejor, en un mundo verde, en un mundo que respire!…
De Anna- una de las voluntarias españolas- tengo excelentes referencias. Creo que nos entenderemos a la perfección y me ilusiona pensar que hoy voy conocerla en persona.
Llegamos a nuestro destino y no pude disimular ni mi satisfacción ni mi sorpresa. Nunca habÃa visto tanta gente reunida para una reunión de voluntariado medioambiental. ParecÃa que por fin la conciencia se iba a apoderando del “mundo desarrolladoâ€? y que por fin nos estábamos dando cuenta de lo importante que es para nuestro planeta que todos aportemos nuestro granito de arena.
Miré a algunos de esos voluntarios a los ojos, tenÃan la mirada cansada de quien ha trabajado mucho y la expresión de sabidurÃa que otorgan todas las experiencias vividas en un entorno como este. Por un momento se disiparon todas mis dudas, sabÃa que iba a hacer algo realmente importante, algo que me cambiarÃa como persona y que cambiarÃa mi entorno. Sin poder evitarlo un suspiro se escapó de mi boca, como una liberación de todo lo contenido. Estaba en el buen camino…
Me alegraba tanto de estar allÃ, que se me caÃan las lágrimas de alegrÃa. Fue alucinante cuando uno de los monitores con la megafonÃa anunciaba que iba a comenzar uno de los talleres, era taller de reciclaje. Dijo:
- Va a comenzar el taller de reciclaje, el reciclaje engloba los conceptos de recogida selectiva, recuperación, tratamiento y aprovechamiento de materiales que antes eran basura. Los talleres de reciclaje tienen como objetivo formar en técnicas elementales para aprovechar los residuos sólidos y transformarlos en objetos útiles. Con ello se transmiten los beneficios del reciclaje para el medio ambiente, además de estimular la creatividad.
Primero hicimos jabón casero con aceite usado, luego nos invitaron a un refresco y con las latas y con arroz hicimos unas divertidÃsimas maracas, un gran puzzle con cajas de cartón y con témperas, nos lo pasamos de lujo.
Difrutaba cada momento, por duro que resultase. Estaba tan entusiasmado con la oportunidad que me estaba brindando la vida que ningún temor podÃa enturbiar el sentimiento de plenitud que sentÃa. Sin embargo, mi primer mes en Ã?frica no fue fácil, nada fácil… El trabajo era hermoso, de esas tareas que sabes que enriquecerán tu alma, que te harán crecer como persona, pero repletas de trabas, dificultades, retos…
El primero de mis problemas fue la demoledora fiebre que me dejó KO dos semanas después de mi llegada. Vi peligrar mi aventura… Incluso, llegaron a pensar que podrÃa tratarse de fiebre amarilla, ya que los sÃntomas eran muy parecidos, excepto la ictericia, que no apareció. Estaba tan obsesionado que no paraba de levantarme de la cama y mirarme al espejo para ver si mi cara empezaba a ponerse amarilla. En todo momento, habÃa procurado extremar las precauciones, pero con esos mosquitos, nunca se sabe… Por suerte, fue una falsa alarma.
Empecé a mejorar y volvà al trabajo tras unos pocos dÃas de descanso. Volvà a retomar la primera misión que me habÃan encomendado: organizar el encuentro de participación local en el manejo de los bosques de aquella fantástica zona. El primer paso consistirÃa en visitar, uno a uno, a los lÃderes de los poblados para concienciarles de la necesidad del cuidado conjunto de los bosques de la zona. Asà conocà a Jakaya…
Jakaya era tan bella como inteligente, muy preocupada por la gente de su poblado, sin duda ella querÃa lo mejor para los suyos. Me llamó la atención que fuera mujer, un lÃder de los poblados: una mujer, no porque yo sea machista ni mucho menos, pero por su ideologÃa me extrañó, me comÃa la curiosidad… Le pregunté discretamente sin que se ofendiera y me dijo que el poblado la nombró lÃder porque en un dÃa plantó 25.000 árboles.
Le dije: eso era imposible.
Me dijo: no, yo lo conseguÃ, acabé molida, pero por mi pueblo muero.
Me encantó.
Es increÃble cómo se observan las estrellas por la noche en este lugar. Es un espectáculo realmente asombroso. Uno se siente diminuto, insignificante, pero más en contacto con el mundo, con la Tierra, con nuestro planeta…
Cada noche, Jakaya y yo nos sentamos a observar el firmamento, a hablar de cómo nos ha ido el dÃa, de los progresos que vamos haciendo en el taller. Su ayuda está siendo esencial en todo el proyecto. Poco a poco, empiezan a concienciarse de que, juntos, pueden hacer mucho más por perservar sus bosques, sus tierras.
La satisfacción de saber que vamos por el buen camino, de que cada dÃa estamos un poquito más cerca de nuestro objetivo, ya hace que mi aventura africana haya valido la pena.
Esta noche me despido de todo esto, del poblado, de mis compañeros, de mi dÃa a dÃa con toda esta gente que tan bien me ha acogido, respetado, enseñado… y de Jakaya, que me ha hecho ver el mundo con sus ojos, más puros e inocentes, pero también más comprometidos y leales.
- Tú y yo, rafiki siempre.
- Rafiki siempre, Jakaya, siempre.
No sabe cuánto la echaré de menos.